Por Alejandra Arratia

La última cuenta pública del presidente Piñera es llamativa por su escasez en materia de educación. En un momento histórico para la educación del país, tanto por el impacto de la crisis sanitaria y las reflexiones que se abren respecto a la escuela post pandemia, como por la discusión que tendremos en el proceso constituyente acerca del país que queremos ser y el rol que juega el derecho a la educación en este país.

Es cierto que la autoridad reconoce que “la educación es el instrumento más poderoso para el progreso”. Sin embargo, a pesar de reconocer este valor estratégico del proceso educativo, no se hace balance alguno sobre los avances en el programa de gobierno en los cuatro ejes centrales comprometidos en este ámbito -Educación Parvularia, Modernización de la Educación Técnico Profesional, Educación Superior y Calidad del sistema educativo en general- que, según análisis recientes realizados por organizaciones como Ciudadano Inteligente y Fundación Chile 21, no alcanzaría el 40% de logro a menos de un año de cierre del gobierno. También es cierto, claramente, que hemos tenido un escenario inédito de pandemia, que ha tensionado y desafiado prácticamente todos los ámbitos de la vida en sociedad, especialmente el educacional. Por lo mismo, habría sido comprensible que se dé cuenta de ajustes el programa comprometido y se incorporen definiciones para hacer frente al escenario inédito que vivimos. Lamentablemente no hubo balance de lo uno ni de lo otro. Es más, lo que planteó el presidente específicamente en materia de educación se focalizó principalmente en dos aspectos. En primer lugar, se hizo referencia a la necesidad de garantizar 13 años de educación mandatoria a través de la incorporación de kinder como obligatorio y gratuito para niños y niñas. En segundo lugar, se destacó el ejemplo de los Liceos Bicentenarios y su rol dentro del sistema educativo.

Lee también: Columna de Eduardo Vergara: 7 razones que explican el fracaso de Sebastián Piñera en seguridad

Respecto al proyecto de ley de Kinder Universal, por cierto valoramos el esfuerzo de impulsar la obligatoriedad de este nivel en educación parvularia, el que actualmente tiene el 97% de cobertura. Dado este alto porcentaje, es muy importante que el proyecto de ley resguarde condiciones para la inclusión del 3% de niños y niñas con menor acceso a este nivel educativo, en particular niños de quintiles más bajos y con necesidades educativas especiales, garantizando a la vez una educación acorde a su etapa de desarrollo e intereses. Por otro lado, en relación al proyecto de la llamada Sala Cuna Universal (universal en realidad solo para hijos e hijas de personas trabajando de modo formal), nos parece que el desafío fundamental es considerar este derecho desde la perspectiva de la educación de niños y niñas, independiente de la situación laboral de su padre o madre.

Por otro lado, en cuanto a los Liceos Bicentenarios de Excelencia, el mandatario relevó el buen desempeño de estos establecimientos en la Prueba de Transición, señalando que estos resultados no son explicados por “los recursos ni la situación socioeconómica de los estudiantes”, sino que por el compromiso de las comunidades educativas con una educación de excelencia, de calidad y con foco en el trabajo que se realiza en la sala de clases donde se aprenden valores y conocimientos. Sin lugar a dudas estos son elementos importantes. Por lo mismo, ¿por qué no podemos ofrecer esto a todos los y las estudiantes de nuestro país, y tiene que estar restringido para un grupo de 320 establecimientos elegidos para ser Liceos Bicentenarios? Estos representan el 3,4% de los 9.450 establecimientos escolares del país, por lo que surge la pregunta acerca de cuáles son los compromisos en este último año de gobierno para aportar a la mejora de la calidad educativa de modo sistémico en el país. Desde Educación 2020 creemos que esto es preocupante, pues implica replicar una visión en que solo algunas y algunos elegidos tienen acceso a una educación de calidad.

El mismo presidente plantea que “la calidad de la educación puede y debe ser mejorada y con urgencia. La mejor prueba son los Liceos Bicentenario de Excelencia, que nacieron en nuestro primer Gobierno, y que en sus primeros 10 años de vida han dado buenos frutos, demostrando que mejorar la calidad de la educación puede lograrse sin esperar décadas.” Sin embargo, incluso si aumentáramos a una tasa anual de los mismos 320 que tenemos en la actualidad, nos demoraríamos 29 años en llegar a todos los establecimientos del país. ¡Casi 3 décadas!

Más allá de estas ideas, no hubo mención alguna respecto a la Nueva Educación Pública, ni al estado de avance de su implementación y los apoyos requeridos para ello. Considerando que una educación pública robusta y fortalecida permite avanzar en garantizar el derecho a la educación, es decepcionante que no existan anuncios en esta materia ni balances de lo hecho durante este periodo frente a una de las reformas estructurales más importantes de las últimas décadas. Lamentablemente, el discurso no hace referencia alguna a cómo en este último año se trabajará para fortalecer la calidad de la educación pública, especialmente en los 11 Servicios Locales de Educación ya instalados y de cara a la instalación de los nuevos 15 Servicios que deben entrar en operación el año 2022.

Lee también: Columna de Paulina Vodanovic: ¿Ustedes están en contra de la libertad?

Por otro lado, y aunque la modernización de la Educación Técnico Profesional fue uno de los ejes del programa presidencial en materia de educación, no se hace mención a las medidas tomadas para responder a los compromisos asumidos en esta área. En particular, por ejemplo, la articulación con el mundo productivo y el compromiso asumido para aumentar la gratuidad al séptimo decil en educación técnica, que si bien se materializó en un proyecto de ley, se encuentra sin avances de tramitación desde el año 2019 en el congreso.

Sin embargo, lo que nos parece más preocupante es la total ausencia de una hoja de ruta que guiará la acción del gobierno para enfrentar los desafíos del sistema escolar este último año de mandato. La ausencia de propuestas concretas del gobierno de cara al futuro nos deja con una sensación decepcionante, especialmente dado el contexto que enfrenta el sistema educativo, que, en palabras de la autoridad, se encuentra en estado de alarma por el “terremoto educativo” que ha generado la pandemia. Si asumimos esta analogía, nos habría gustado ver una prioridad decidida desde el Ejecutivo para enfrentar el proceso de reconstrucción, tanto asignando recursos como promoviendo una reflexión más profunda respecto a los cimientos de nuestro sistema educacional, de lo cual lamentablemente nada se menciona. No referirse a la propuesta que existe sobre el sistema de desarrollo directivo, ni hacer un balance de la implementación de la nueva Carrera Docente, ni al fortalecimiento de la formación inicial y continua (dimensiones que la evidencia destaca como aspectos claves para mejorar la calidad educativa) lamentablemente dan cuenta del bajo compromiso del gobierno con el fortalecimiento de los cimientos de nuestro sistema educativo. Esperábamos que la educación fuera un eje clave en los anuncios, que tuviera énfasis en lo difícil que ha sido para la comunidad educativa enfrentar estos nuevos escenarios. Por eso, lamentablemente, quedamos decepcionados, estamos en distintas escuelas y liceos del país, compartiendo sus realidades y necesidades, y las expectativas eran mayores.

Tags:

Deja tu comentario