Ya se abrió el concurso para Fiscal Nacional. Y es un tema de importancia vital.
Es imprescindible que esta vez tanto los aspirantes como quienes deciden estén a la altura. Que nadie ofrezca acotar las causas y apurarlas, que nadie se reúna de manera secreta.
La elección de quien encabezará el Ministerio Público debiera ser como una casa de cristal en que los ciudadanos podamos mirar todo lo que pasa, donde si hay una reunión la sepamos, donde las relaciones espurias queden en evidencia y donde la experiencia y calificación sea lo que determine la votación de los senadores y no quien crean les pudiera favorecer.
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En una democracia, la Justicia es el último refugio de los ciudadanos y en ella el Ministerio Público es un eslabón vital.
En una época de desprestigio de las instituciones, cuando parte del malestar del estallido social tuvo que ver con la impunidad de políticos y de grandes grupos económicos, no hay derecho a nada que no sea elegir a el o la aspirante a la Fiscalía Nacional que será más severo con el crimen y los criminales, sean mecheros o de cuello y corbata.
Porque la justicia cuando tarda, ya no es justicia. La justicia cuando no es ciega, ya no repara. La justicia cuando es sólo simbólica (como con clases de ética) es lo mismo que impunidad.
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