Están todas las condiciones de posibilidad reunidas: desde transformaciones radicales del capitalismo chileno hasta un cierto consenso entre intelectuales clásicos de la izquierda —desde Manuel Antonio Garretón hasta José Joaquín Brunner—, pasando por un achicamiento de sus partidos. Son estas condiciones de posibilidad las que deberían traducirse en una refundación de la izquierda.
Con toda probabilidad, esto no ocurrirá. Los partidos de la izquierda clásica, socialista y comunista, poseen una cultura y una identidad densas, que resisten el paso del tiempo, pero que solo dialogan con pequeños nichos de electores. Es esa cultura y esa identidad lo que les impide renovarse y, sobre todo, refundarse. Ni siquiera el Frente Amplio, cuya cultura e identidad son singularmente débiles, se interroga sobre la refundación.
Pero, ¿qué puede significar refundar a la izquierda? ¿Se puede refundar a partidos sin rupturas ideológicas? Fue esa ruptura por la que optó, allá por 1959, el SPD alemán, lo que le granjeó convertirse en el gran partido socialdemócrata de Occidente durante 40 años. Esa no será la alternativa de las izquierdas chilenas: los costos identitarios son demasiado altos, especialmente entre los socialistas, literalmente impagables.
Supongamos, entonces, que se puede refundar a la izquierda sin rupturas, por ejemplo, superando, a través de una experiencia de pensamiento y de prácticas políticas, eso que llamamos “presente” o “realidad”. ¿En qué consistiría, exactamente, superar lo realmente existente?
Pues bien, ni más ni menos que pensar la realidad e imaginar lo que aún no existe a partir de categorías distintas, e imaginar mediante otro lenguaje una sociedad diferente.
Esto, que puede sonar muy abstracto, es extraordinariamente concreto. ¿Tiene sentido seguir hablando de “clase obrera”, de “leninismo”, de “movilización de masas”, cuando esas masas se han ido alejando de quienes se supone son sus representantes y, eventualmente, su vanguardia?
Son estas preguntas las que agobiarán cada vez más a las izquierdas y acosarán, en igual medida, a los pocos intelectuales que les van quedando.
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