Suele decirse que en política lo más objetivo es lo subjetivo, y probablemente la seguridad ciudadana no es la excepción.
El Gobierno se afana en decir una y otra vez que es la administración que más leyes ha aprobado desde la recuperación de la democracia en materia de seguridad. Sin embargo, eso no hace decrecer la sensación de inseguridad.
Esta vieja disputada entre la realidad y las sensaciones o las percepciones parece algo inoficiosa a estas alturas, de la misma manera que también discutimos respecto de cómo salir del embrollo y de la situación en la que estamos, que para muchos es una gran emergencia.
La política consiste, entre otras cosas, en satisfacer expectativas y, por lo tanto, creo que llega el momento de apreciar también su valor más simbólico, y quizás no tanto discutir respecto de la eficiencia o la eficacia de algunas medidas, sino de cómo generar un punto de inflexión que permita que nos sintamos todos que estamos abocados y de acuerdo en esta materia.
Ese punto de inflexión no ha llegado y personalmente creo que la zanja, o solo la zanja, derechamente no lo es.
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