Una carrera espacial desatada, un misil intercontinental y la URSS. Estos son los ingredientes que dan forma al Desastre de Nedelin, una de las mayores tragedias que viera el mundo entero.
La historia dice así: El estado socialista federal había entrado a una batalla espacial encarnizada con Estados Unidos. Para ello, destinó a uno de sus héroes de guerra a cargo de la unidad que estaría a cargo de dicha misión.
Fue así como Mitrofán Ivánovich, exsoldado del Ejército Rojo, se hizo cargo de las Fuerzas Estratégicas Misilísticas de la Unión Soviética.
Una de las pruebas consistía en probar un misil balístico intercontinental llamado R-16.
El lanzamiento quedó agendado para el 24 de octubre de 1960 y fue supervisado directamente por Mitrofán Ivánovich.
El alto mando militar estaba presionado. Nikita Jrushchov, expresidente del Consejo de Ministros de la Unión Soviética se estaba preparando para asistir a una sesión de la ONU donde anunciaría el éxito del lanzamiento del cohete. Por lo que no había margen a errores, si algo pasaba desencadenaría la ira de Jrushchov.
Pero el destino tenía preparada otra cosa. Minutos previos al lanzamiento se comunicó que existían una serie de problemas con el prototipo. Como las chances de cancelar el lanzamiento eran nulas, debido al viaje de Nikita, Ivánovich ordenó seguir con el plan y supervisó en terreno el trabajo de los técnicos.

El desastre de Nedelin: La tragedia donde más de 120 personas murieron “quemadas vivas” por un “tsunami de fuego”
El misil R-16 – de 30 metros de largo y de 3 metros de diámetro, iba a ser impulsado con un peligroso combustible llamado “el veneno del diablo”, que consistía en una mezcla de propergoles (carburantes) hipergólicos altamente tóxicos y corrosivos, como la dimetilhidrazina asimétrica (UDMH) y el ácido nítrico.
Los técnicos trabajan arduamente para poder cumplir con el lanzamiento, cuando la tragedía se desató. Un fallo eléctrico generó el inició la ignición de unos motores del misil, los que al estallar quemaron cerca de 500 toneladas de combustible, un verdadero “tsunami de fuego” que arrasó con todo.
Es así como más de 120 trabajadores murieron en el acto, quemados vivos, incluido Nikita Jrushchov, quien observaba los trabajos a solo metros. Según la agencia espacial rusa Roscosmos, “la gente murió con terrible dolor, fundamentalmente quemada viva”.
Pero la tragedia no se conoció de inmediato. La URSS ordenó un silencio mediático, que mantuvo en misterio por varios años el incidente y sus verdaderas consecuencias.
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