La decisión optada se suma a medidas políticas que ya habían tomado otros países locales.
La propuesta surge luego de la petición de una reclusa al Papa Francisco.
"¿Qué hubiera ocurrido si en vez de que ella hubiera servido, Kast hubiera servido? Ahí tienes un mensaje de género absolutamente claro". Según Montecino, "estamos frente a una imagen y a una simbólica muy tradicional" que obliga al país a preguntarse empíricamente "quién cuida".