La reforma tributaria considera aumentar el gravamen general y agregar un impuesto por el grado alcohólico.
Tomar una cerveza o un vaso de vino podría ser al menos un 10% más caro con la reforma tributaria. Incluso también deberían gastar más quienes opten por una simple bebida, ya que pasarían de pagar un 13 a un 18%.
El proyecto aumenta los impuestos tanto para las bebidas alcohólicas como también para las analcohólicas, lo que ha generado debate incluso al interior de La Nueva Mayoría. Parlamentarios oficialistas han asegurado en ese sentido que no se debe perjudicar a la iniciativa con los pequeños productores del sector. Por ello el Gobierno incluyó una serie de indicaciones.
La iniciativa de la administración Bachelet establece así por ahora un aumento en los impuestos que deben pagar todas las bebidas alcohólicas, las que pasarían de un gravamen general de 15% a un 18%. Además fija una tasa adicional que se aplicará dependiendo del grado alcohólico. Es por eso que en el caso de los licores más fuertes – como el pisco, ron o whisky – el impuesto podría llegar hasta un 41%.
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