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Pocos saben que su pasión ha sido la música y la poesía. Que al salir del colegio quiso ser sacerdote y que hasta entró al seminario. Pero duró poco. Pudo más su vocación de médico y de servicio público.

Y si bien podría haberse quedado en Europa estudiando y convertirse en un acaudalado cirujano plástico, el recuerdo de uno de su primeros pacientes, un niño quemado de 6 años al que salvó de la muerte, lo hizo volver para fundar una institución que se dedicara a rehabilitarlos.

Rotario, casado con una compañera de primer año de Medicina y padre de 7 hijos, dice que el octavo hijo es Coaniquem, que fundó hace ya 40 y que lo único que hace es crecer. El doctor Jorge Rojas Zegers es el protagonista de este capítulo de CNN Íntimo.

En conversación con Matilde Burgos, el médico se relata que el caso del niño que lo inspiró a fundar Coaniquem lo marcó debido a que durante el proceso se dio cuenta de que “en este caso no sólo era salvar la vida sino también la dignidad de ese niño, que esa persona se pudiera reinsertar”.

Por eso explica que cree que “el concepto de ver a Jesucristo sufriente en el paciente es algo que tenemos incorporado y que todo médico debiera tener, aunque no fuera creyente porque cambia tu actitud. No es un cliente, es alguien a quien tu tienes que servir, más allá de la técnica”.

La vocación de servicio viene en parte desde su formación religiosa, por lo que el médico explica que eso fue lo que lo motivó a volver a Chile en vez de continuar con su estadía en Europa.

“Para mi forma de ser, de ver la vida y la medicina, mi vocación está en este modelo de servicio de servicio al paciente de quemaduras, que justamente son pacientes que muchas veces no tienen posibilidades de recuperarse adecuadamente y tampoco existe posibilidad de pagar. Lo que hace Coaniquem nadie podría pagarlo, ni el más millonario”, dijo.

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Coaniquem, su otro hijo

Este año Coniquem, el centro especializado en menores que sufren quemaduras en su cuerpo, cumple 40 años y, de acuerdo al médico, durante su trayectoria ha logrado atender a 135 mil pacientes con quienes generan vínculos estrechos. 

“Recibimos apoyo del Estado porque nos pagan por las atenciones que damos a aquellos beneficiarios. También hay algunos aportes que los agradecemos mucho, pero eso es menos de un tercio de lo que gasta Coaniquem, el resto viene de la gente”, explica, y agrega que “la colecta es un ejemplo de que la gente quiere ser parte de estas causas y apoyar”.

Del mismo modo, destaca el rol que ha tenido la institución debido a que “al trabajar con la autoridad hemos logrado modificar regulaciones que permiten espacios más seguros”, y menciona como ejemplo la ley que prohíbe los fuegos artificiales.

“Nunca más se murió un niño. Antes de la ley se murieron dos niños en Chile, que fueron los que finalmente gatillaron que la ley se aprobara y que en todos los espectáculos pirotécnicos desde que se regularon nunca más se ha quemado nadie. Tomamos conciencia de que esta es una buena práctica legislativa que surgió de Coaniquem”, dijo.

Con respecto al rumbo que ha tomado la institución, señala que se siente “muy tranquilo porque nosotros, los cuatro fundadores, hemos ido generando un nuevo grupo en el que se van incorporando nuevos profesionales jóvenes que van aportando nuevas ideas“.

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Por lo mismo, en junio pasado tomó la decisión de dejar de atender pacientes después de 46 años: “Es lo que me tocaba porque ya hay otros que lo hacen mejor que yo. En cambio mi función ahora es distinta, estoy abocado a otros temas en que creo que mi trabajo en Coaniquem tiene mejor impacto, entonces uno tiene que saber mejor dónde se sitúa”.

“Por eso uno tiene que dejar a gente joven que a su vez tiene nuevas ideas. Lo peor que uno puede hacer es dejar programado para adelante todo lo que va a pasar, eso no puede ser. El futuro es de Dios y tienen que saber construirlo los que van a estar viendo el futuro“, agrega.

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