“Si estuviera vivo tendría cosas que decir sobre el Chile de hoy”: A 15 años de su muerte, padre de Felipe Camiroaga habla de su legado

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Este miércoles 2 de septiembre se cumplen 15 años de uno de los hechos que más han impactado al pueblo chileno: el trágico accidente de Juan Fernández donde el animador Felipe Camiroaga, el periodista Roberto Bruces y otras 19 personas, perdieron la vida.

Una tragedia que conmocionó a toda una nación y que hasta el día de hoy sigue en el recuerdo colectivo del país.

Felipe Camiroaga se transformó en un ícono, en una leyenda querida por la ciudadanía. Y a 15 años de su partida, su padre, Jorge Camiroaga Puch (89), recordó la vida del denominado “Halcón de Chicureo”. 

“Cuando alguien me habla del Halcón de Chicureo, de Washington o de alguna cosa que hizo en televisión, muchas veces sonrío porque yo estoy viendo otra película. Estoy viendo al niño que tuve delante mío muchos años antes de que existiera todo eso. Para los demás es una figura de la televisión chilena; para mí, detrás de todos esos personajes, siempre aparece primero Felipe, mi hijo”, afirmó en entrevista con La Tercera.

Jorge habló también de lo que han sido estos años y del proceso de duelo y cómo fue mutando: “Con los años tuve que aceptar algo que para un padre es muy particular: Felipe ya no era solamente nuestro. Había entrado en las casas, en las conversaciones y en los afectos de muchísima gente. Yo conocía una parte de él que Chile no conocía y Chile conoció otra que después también tuve que aprender a mirar. Hoy puedo decir que mi hijo dejó una marca muy profunda en la memoria afectiva de este país”.

“Son quince años, pero hay heridas que no sanan. Uno aprende a vivir con ellas. Yo tengo más hijos, a quienes quiero profundamente, pero la partida de Felipe fue un antes y un después en mi vida”, agregó. 

“Tendría mucho que decir del Chile de hoy”

El padre de Camiroaga aseguró que “me hace feliz y me emociona que después de quince años la gente todavía me pregunte por Felipe, pero yo también pienso en los padres de las otras personas que murieron ese día junto a mi hijo. Pienso mucho en ellos. Quizás sus hijos no tenían la exposición pública que tenía Felipe y sus nombres no aparecen con la misma frecuencia, pero el dolor de un padre no depende de cuán conocida haya sido una persona. Seguramente han sufrido tanto como yo. Y ese dolor es algo que realmente no podría describir con palabras. Por eso mi corazón también está con ellos, con sus familias y con quienes fueron compañeros de Felipe ese día. Eran personas valiosas, con sus propias vidas, sus sueños y sus familias. A todos ellos les envío un abrazo, de padre a padre”. 

Sobre cómo se lo imagina hoy en día, revela: “Me resulta imposible imaginar exactamente qué estaría haciendo ahora. Felipe era inquieto y podía cambiar de rumbo. Quizás seguiría en televisión, quizás habría dejado todo y estaría dedicado a sus animales. Conociéndolo, incluso podría haber sorprendido a todos haciendo algo completamente distinto. Tenía esa libertad. Nunca sentí que su vida estuviera escrita de antemano”.

“Felipe fue construyendo sus propias convicciones. Llegó un momento en que yo ya no tenía nada que enseñarle en ese sentido; era un hombre mirando el mundo por sí mismo. Observaba mucho, escuchaba y después sacaba sus propias conclusiones. Si estuviera vivo seguramente tendría cosas que decir sobre el Chile de hoy. Si habría participado directamente en política, no lo sé. Lo que sí sé es que difícilmente habría permanecido indiferente”, añadió.

“Hay una cosa que todavía me desconcierta”

Jorge Camiroaga fue más allá e hizo una profunda reflexión sobre lo que ha significado no tener a su hijo. “Hay algo que el tiempo vuelve muy extraño. Yo sigo cumpliendo años y Felipe no. Entonces uno inevitablemente se pregunta cómo tendría el pelo, cómo sería su cara, qué cosas le preocuparían ahora, de qué se estaría riendo. Son preguntas que no tienen respuesta, pero forman parte de mi relación con él. En mi memoria está el Felipe que conocí y al mismo tiempo existe ese otro Felipe que uno imagina que habría seguido viviendo”.

“Yo no tengo un momento determinado para acordarme de Felipe. No es que llegue una fecha y entonces aparezca su recuerdo. Está metido en mi vida cotidiana. A veces es una tontera, una fotografía, una frase que habría dicho, una situación que seguramente le habría causado risa. Han pasado quince años y sigo teniendo esos pequeños encuentros con él durante el día. Supongo que esa es una de las formas que encuentra un padre para seguir conversando con un hijo que ya no está”, complementó.

“Hay una cosa que todavía me desconcierta. La gente se acerca y muchas veces no me habla de Felipe como un recuerdo. Me cuenta lo que Felipe significa ahora en su vida. Algunos incluso me dicen que sienten que los acompaña o que los ha ayudado en determinados momentos. Yo escucho esas historias y pienso: qué recorrido tan extraordinario hizo este hijo mío. Llegó a lugares que yo, como padre, nunca pude imaginar”, cerró.

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