Un escenario internacional adverso, sumado al alza en el precio del petróleo y una demanda interna estancada, configuran un complejo panorama para la economía nacional y local. Así lo revela el último Informe Económico Regional, elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas (FACEA) de la Universidad de Concepción (UdeC), que ajustó severamente a la baja sus estimaciones para 2026. De acuerdo con el documento, la actividad en la región del Biobío experimentaría una contracción de entre -1,5% y 0,0% este año, alejándose considerablemente de la tendencia del 2% proyectada originalmente en diciembre pasado.
La situación a nivel país no es más alentadora, ya que el crecimiento esperado para Chile pasó de un 2,3% a un rango que oscila entre -0,5% y 0,5% para este 2026. El director del informe y académico del Departamento de Economía de la UdeC, Iván Araya Gómez, atribuye este frenazo al traspaso de los costos de los combustibles hacia las gasolinas y el diésel, golpeando directamente el ingreso real y el consumo de los hogares. El experto señala que este fenómeno provocó “una significativa reducción en las proyecciones” de crecimiento para el país y la zona, catalogándola como “tal vez una de las mayores revisiones que hemos realizado en los últimos años, lo que muestra nuestra preocupación sobre la economía para el cierre de año y el 2027”.
A diferencia del escenario nacional que encuentra un leve respiro macroeconómico en el precio del cobre, la matriz productiva del Biobío enfrenta serias dificultades operativas en la producción de bienes. A junio de este año, la actividad manufacturera acumuló una estrepitosa caída del 5,4%, según los datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Además, la celulosa, pilar exportador de la zona, ha visto una merma en sus valores frente al primer trimestre, a lo que se suma un arancel del 12,5% impuesto por Estados Unidos a las manufacturas de madera. “La región no cuenta, por tanto, con el mismo “colchón de precio” que hoy sostiene el resultado nacional”, detalla el análisis del Informe Económico Regional.
El segundo flanco de esta crisis económica golpea directamente al mercado laboral regional. Entre mayo y julio, la desocupación en el Biobío se disparó al 10,6%, superando ampliamente el 9,5% registrado a nivel nacional por el INE, lo que se traduce en más de 83 mil personas sin una fuente de trabajo en la zona. Frente a este oscuro panorama, el académico Iván Araya Gómez enfatiza que “los datos muestran un preocupante aumento de la tasa de desocupación a nivel nacional y en particular en esta región, siendo una de las con más alto desempleo”. Las estimaciones del reporte apuntan a que la cesantía regional cerrará el 2026 en torno al 10%.
Más allá de las cifras inmediatas, el documento advierte que la normalización del desempeño comercial y de servicios no se vislumbra para la segunda mitad del año, exigiendo acciones concretas y urgentes a las autoridades locales. “El desafío para el Biobío no es solamente bajar la tasa de desempleo, sino recuperar la tasa de ocupación y, particularmente, el empleo asalariado formal”, plantea el Informe Económico Regional, dejando en claro que cualquier trayectoria de mejora dependerá críticamente de las medidas de emergencia orientadas a la reactivación y de la ejecución del presupuesto regional para el 2027.
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