Cuando un país se inunda de delincuencia y la seguridad pasa a ser el principal ítem para todo, desde caminar en la calle hasta por quién voy a votar en las próximas elecciones, el único ganador -se ha dicho bastante- es el delincuente; a quién el clima de miedo que él contribuye a crear no lo alcanza.
Las pesquisas policíacas son clave, pero los investigadores van a tener -y lo saben- a todos diciendo que son o se sienten víctimas. Sería extrañísimo que alguien se entregara por problemas de conciencia o arrepentimiento.
El inverso es más probable: que el criminal asuma la imagen de víctima y exija acción a las autoridades.
Como lo hizo este caballero en una entrevista con el periodista Cornelius Vanderbilt Jr, para la revista Liberty, el 17 de octubre de 1931.
“Hoy en día, dijo, ya la gente no respeta nada. Antes, poníamos en un pedestal la virtud, el honor, la verdad y la ley… La corrupción campea en la vida americana de nuestros días. Donde no se obedece otra ley, la corrupción es la única ley. La corrupción está minando este país. La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas”.
Así hablaba Al Capone unos días antes que fuera descubierto y arrestado.
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