Las bases de las convocatorias del Fondo de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT) publicadas hace algunos días, tienen cambios que impactan con fuerza en qué se investiga y cómo se investiga en Chile. El problema no es innovar. Lo paradójico es que un instrumento creado para fortalecer la ciencia se rediseñe sin considerar cómo se genera el conocimiento ni cómo funcionan los sistemas científicos más exitosos del mundo.
Uno de los cambios más relevantes es la incorporación de áreas prioritarias, que recibirán al menos el 70% de los fondos disponibles, anteponiendo las temáticas a la excelencia. A primera vista, definir prioridades nacionales podría parecer razonable. Sin embargo, se observa una marcada orientación hacia el desarrollo tecnológico, la innovación y aplicaciones productivas.
El punto es que ese no es el propósito de FONDECYT. Para eso existen otros instrumentos, tanto en la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) como en Corfo. El objetivo de FONDECYT es la producción de conocimiento: para eso fue creado hace más de 40 años, y con ese foco se convirtió en un programa tremendamente exitoso para el desarrollo de la ciencia en Chile, nuestro posicionamiento internacional y el avance de las ciencias básicas y aplicadas en su etapa inicial.
Pero incluso si el objetivo hubiese sido orientar la investigación hacia los desafíos de la cuarta y quinta revolución industrial, la elección de estas prioridades está mal planteada. Las grandes transformaciones tecnológicas no plantean únicamente desafíos de ingeniería o desarrollo tecnológico; también exigen comprender cómo esas tecnologías impactan a las personas, la sociedad y la democracia. Por eso, áreas como la filosofía y la sociología han crecido tanto a nivel mundial: se han vuelto piezas clave para el entrenamiento de inteligencia artificial y el análisis de datos. No es un secreto ni información confidencial; es un debate que lleva tiempo instalado e incluso ha aparecido en los diarios. Cuesta entender cómo quienes redactan estas bases pueden desconocerlo.
Si de verdad queremos preparar a Chile para las próximas décadas, necesitamos una mirada mucho más amplia sobre qué conocimiento será estratégico para el país. La innovación no ocurre solo en los laboratorios: también depende de comprender a las personas y de anticipar los cambios sociales que acompañan a las revoluciones tecnológicas.
Con todo, no es lo único que preocupa en esta materia. La restricción que exige que quienes postulen sean ciudadanos chilenos o extranjeros con residencia permanente en Chile, aunque a primera vista pueda parecer razonable —favorecer a nuestros connacionales—, refleja un profundo desconocimiento de cómo se produce la ciencia de frontera.
Los principales polos científicos del mundo —Silicon Valley, Singapur, Zúrich o el “Triángulo de Oro” entre Oxford, Cambridge y Londres, entre otros— han construido su liderazgo precisamente porque atraen investigadores de múltiples nacionalidades, fomentan la diversidad académica y fortalecen redes internacionales de colaboración. Necesitamos atraer a las mejores investigadoras e investigadores del mundo para que desarrollen ciencia desde nuestro país, fortalezcan nuestras universidades y centros de investigación, formen nuevos equipos y amplíen nuestras redes. Y aunque más tarde continúen sus carreras en otros países, esos vínculos permanecen: robustecen nuestras redes internacionales, fortalecen la capacidad científica nacional y nos ayudan a acceder a fondos de investigación internacionales. Cerrar esa puerta significa debilitar nuestra inserción global y reducir nuestra competitividad científica.
Las políticas públicas en ciencia deben construirse dialogando con quienes hacen ciencia todos los días: investigadoras e investigadores, universidades, centros de investigación y comunidades científicas. Solo así es posible diseñar instrumentos que respondan a la evidencia y no a las ideas o percepciones de turno.
Espero sinceramente que el Ministerio de Ciencias revise estas modificaciones, abra un proceso amplio de diálogo con la comunidad científica y corrija aquellos aspectos que amenazan con debilitar uno de los instrumentos más importantes para la generación de conocimiento en nuestro país.
Dra. Paula Solar Oliver
Científica y Académica
Vicepresidenta Nacional
Partido por la Democracia (PPD)
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