Las acciones de Puma se desplomaron hasta un 19% este viernes, su mayor caída intradía desde marzo, arrastrando cerca de 700 millones de euros en valor de mercado. La causa: un recorte dramático en su previsión de beneficios y la admisión pública de que su estrategia comercial fracasó. El nuevo CEO, Arthur Hoeld, no escondió el diagnóstico: la marca requiere un “reinicio”.
Hoeld, ex ejecutivo de Adidas, asumió el mando el 1 de julio en medio de una tormenta: ventas débiles en Europa, Norteamérica y China, altos inventarios, presión de los aranceles de EE.UU., y una línea de productos —como las Speedcat— que no logró captar el espíritu del mercado.
Mientras Adidas convertía sus Samba y Gazelle en íconos de moda urbana global, Puma apostaba por modelos de suela fina que no prendieron fuera de nichos asiáticos. La empresa esperaba vender entre 4 y 6 millones de pares de Speedcat, pero el entusiasmo nunca llegó.
“Tenemos un potencial enorme con una marca que aún no se ha desvelado, pero que también requiere un reinicio y un nuevo rumbo”, dijo Hoeld a Diario Financiero, quien adelantó que entregará en octubre su hoja de ruta para reflotar la compañía. Por ahora, las proyecciones para 2025 se desplomaron desde utilidades por 600 millones de euros a pérdidas, y el foco estará en limpiar inventarios con agresivas promociones.
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