La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó su Informe Económico Provisional de septiembre de 2026, en el que proyectó que el crecimiento económico mundial se moderó durante la primera mitad del año, aunque se mantuvo resiliente en muchas economías pese a los efectos adversos del conflicto en Medio Oriente.
Según el organismo, esa resiliencia se explica por inventarios de petróleo relativamente abultados, un mayor suministro proveniente de fuera de las economías del Golfo y medidas discrecionales de apoyo gubernamental que ayudaron a amortiguar el impacto sobre la economía global. La actividad sostenida en torno a la inteligencia artificial también respaldó la inversión, la producción y el comercio mundial durante el período.
En ese marco, la OCDE proyectó un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial de 2,9% para 2026 y de 3,0% para 2027.
El organismo explicó que las mayores presiones de precios, un crecimiento más débil del ingreso real y tasas de interés más altas moderarán el impulso de corto plazo en muchas economías, aunque la actividad ligada a la inteligencia artificial y un supuesto alivio de los precios de la energía, en línea con lo que anticipan los mercados de futuros, ayudarán a que la actividad se fortalezca durante 2027.
Por país, la OCDE proyectó que Estados Unidos crecerá 2,2% en 2026 y 2,1% en 2027, con una fuerte inversión ligada a la inteligencia artificial compensando parcialmente la desaceleración del consumo y del ingreso real de los hogares.
La zona euro crecería 1,0% en ambos años, mientras China se moderaría a 4,5% en 2026 y 4,2% en 2027.
Inflación seguirá bajo presión por los precios de la energía
Asimismo, la OCDE advirtió que las perspectivas económicas globales siguen dependiendo en gran medida de si se logra una solución duradera al conflicto en Medio Oriente.
Según el informe, los precios de la energía volvieron a subir recientemente en medio de disrupciones más intensas a la producción y las exportaciones en las economías del Golfo, mientras los mayores márgenes de refinación, producto de cuellos de botella productivos, están presionando al alza tanto los precios al consumidor como los costos de las empresas.
En materia de inflación, la OCDE proyectó que la inflación general del G20 llegará a 4,1% en 2026, antes de moderarse a 3,6% en 2027, mientras la inflación subyacente de las economías avanzadas del G20 pasaría de 2,7% a 2,5% en el mismo período.
El organismo atribuyó esa presión de corto plazo al alza de los precios de las materias primas, con una moderación gradual esperada hacia 2027 a medida que los precios de la energía cedan y la política monetaria más restrictiva ayude a contener las presiones de precios más amplias.
OCDE pide a bancos centrales mantener ancladas las expectativas de inflación
Frente a ese escenario, la OCDE fue explícita en su recomendación a los bancos centrales: ante el renovado shock de precios de la energía y una inflación por sobre la meta en muchas economías, los institutos emisores deben asegurar que las expectativas de inflación se mantengan bien ancladas.
El organismo planteó que podrían ser necesarios nuevos ajustes de política monetaria si las presiones de precios muestran señales de ampliarse o si las perspectivas de crecimiento se debilitan de manera sustancial.
Además, la OCDE identificó riesgos adicionales a la baja para el crecimiento, entre ellos eventuales shocks de oferta asociados al clima, incluyendo un fenómeno de El Niño particularmente intenso que podría afectar la producción agrícola y sumar presión a los precios de los alimentos.
A eso se suman nuevas alzas en los rendimientos de los bonos soberanos de largo plazo. Asimismo, retornos de la inversión en inteligencia artificial que no logren cumplir las expectativas del mercado también podrían gatillar una repreciación de los activos financieros y debilitar las perspectivas de crecimiento.
Tasas de largo plazo alcanzan máximos de 15 años
La OCDE destacó que las tasas de interés de largo plazo han subido a sus niveles más altos en 15 años o más en muchas economías, en medio de una creciente preocupación por los riesgos fiscales de largo plazo y la fuerte emisión de bonos por parte de empresas ligadas a la inteligencia artificial.
El organismo remarcó que el alza de esos rendimientos subraya, más que nunca, la necesidad de contener y reasignar el gasto público, mejorar la eficiencia del sector público y fortalecer los ingresos fiscales, con el fin de asegurar la sostenibilidad de la deuda en el largo plazo.
Finalmente, la organización llamó a impulsar reformas estructurales para elevar el crecimiento potencial y fortalecer la resiliencia de las economías frente a nuevas disrupciones de oferta.
Entre las medidas mencionadas se encuentran diversificar el suministro energético, mejorar la eficiencia energética y facilitar que los mercados de productos y de trabajo se adapten a los shocks, además de asegurar que los trabajadores cuenten con las competencias necesarias para adaptarse al cambio estructural.
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