¿Qué tienen en común la estrella francesa del fútbol Kylian Mbappé y la empresa japonesa detrás de Hello Kitty?
Hasta esta semana, muy poco. Ahora comparten la poco envidiable posición de haber enfurecido a fanáticos y consumidores chinos y, posteriormente, haberse visto obligados a disculparse rápidamente e intentar contener los daños, con importantes ingresos en juego.
No es la primera vez que ocurre. En los últimos años, otras marcas extranjeras y figuras prominentes, desde deportistas hasta casas de moda, se han visto envueltas en controversias similares.
Pero las dos rectificaciones consecutivas de esta semana ilustran lo difícil que puede ser hacer negocios en China, donde, una vez que se cruza una línea roja percibida como tal, la gente no necesariamente perdona ni olvida con rapidez.
Todo comenzó cuando el delantero del Real Madrid Kylian Mbappé apareció en un video publicado por un programa de entrevistas francés, en el que comentaba un meme humorístico donde su rostro había sido superpuesto mediante edición sobre el de “un tipo… creo que es un dictador chino”.
Ese “tipo” era el exlíder chino Mao Zedong, quien, pese a un convulsionado período en el poder durante el cual decenas de millones de personas murieron como consecuencia de políticas desastrosas, sigue siendo venerado como el padre de la República Popular China. Medio siglo después de su muerte, este complejo legado continúa siendo un asunto altamente sensible dentro de China.
El comentario casual de Mbappé desató inmediatamente una tormenta en las redes sociales chinas, que rápidamente trascendió al mundo digital. Varias marcas rompieron vínculos con él y afirmaron tener “tolerancia cero frente a cualquier palabra o acción que hiera los sentimientos del pueblo chino”.
Los medios estatales eliminaron todo el contenido y los anuncios relacionados con Mbappé, quien esta semana quedó segundo en la votación del Balón de Oro al mejor futbolista masculino del mundo, y suspendieron las transmisiones de todos los partidos y eventos relacionados con él y con LaLiga española.

Ante la amenaza de nuevas repercusiones, Mbappé emitió una disculpa formal el martes.
“Mi comentario fue desacertado y ahora entiendo que hirió a muchas personas en China y en las comunidades chinas de todo el mundo”, señaló en un comunicado.
LaLiga y otras marcas vinculadas a Mbappé también intentaron revertir el daño, enfatizando cuánto valoraban y respetaban a sus socios chinos.
Antes de que la polémica siquiera se apagara, comenzaba otra, esta vez en torno a Sanrio, la compañía detrás de Hello Kitty.
La empresa había colaborado con el drama japonés de espionaje VIVANT para crear productos basados en personajes de Sanrio, entre ellos Hello Kitty, My Melody, Kuromi y Cinnamoroll, vestidos con atuendos de la serie de televisión.
Sin embargo, los medios estatales chinos habían calificado la producción de antichina en medio de las actuales tensiones geopolíticas, y la colaboración se volvió viral en las redes sociales chinas, donde usuarios criticaron duramente a la serie por mostrar a agentes de inteligencia chinos torturando a espías japoneses.
El jueves, Sanrio dio marcha atrás y señaló que había “recibido comentarios de diversas partes”.
“Respecto de esta colaboración, consideramos que contiene expresiones que no son coherentes con los valores corporativos de Sanrio. Por lo tanto, hemos decidido poner fin a esta colaboración, junto con todos los proyectos y actividades promocionales posteriores”, indicó la compañía en un comunicado publicado tanto en su sitio web como en Weibo, la plataforma china de redes sociales, donde un hashtag relacionado con las disculpas acumuló más de 180 millones de visualizaciones.

Incluso funcionarios chinos intervinieron en la controversia.
VIVANT “vuelve a poner en evidencia el hecho de que siempre ha existido una fuerza dentro de Japón que busca vilipendiar y difamar a China a través de productos culturales y propagar sentimientos antichinos”, afirmó el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Guo Jiakun, durante una conferencia de prensa habitual el jueves.
En ambos casos, Sanrio y Mbappé siguieron un patrón que ya resulta familiar para cualquiera que haya provocado indignación en las redes sociales chinas: disculparse de manera deferente, retractarse de declaraciones, retirar productos controvertidos y esperar que la polémica termine pasando.
La misma secuencia se produjo con Dolce & Gabbana en 2018; Versace en 2019; los Houston Rockets y, por extensión, la NBA en 2019; H&M y Nike en 2021; Bulgari en 2023; y Lululemon a comienzos de este mismo año.
Las controversias abarcan distintos asuntos, pero muchas tienen relación con sensibilidades geopolíticas o históricas, como el estatus de Hong Kong y Macao como regiones semiautónomas de China, o el de Taiwán, la democracia autogobernada que Beijing considera parte de su territorio.
Otras polémicas, como las de Lululemon y Sanrio, estuvieron alimentadas por la animosidad histórica entre China y Japón, en momentos en que el sentimiento antijaponés ha ganado terreno en China durante los últimos años a medida que se deterioran las relaciones bilaterales.
Las marcas extranjeras o las celebridades que hacen negocios en China deben actuar con cautela porque “el consumidor chino es extremadamente sensible ante cualquier desaire, desaire percibido o ataque contra el país y contra el pueblo chino”, afirmó Shaun Rein, fundador y director general de China Market Research Group.
“Las marcas tienen que ser cautelosas, y cada vez lo son más, porque contratan consultores y ejecutivos internos que comprenden los problemas históricos y las sensibilidades geopolíticas”, agregó.

Esta mayor sensibilidad en internet ha coincidido en los últimos años con un fuerte aumento del ultranacionalismo, así como con una mayor asertividad de China en su política exterior y en sus disputas territoriales.
Irónicamente, en las fuertemente censuradas plataformas de redes sociales chinas, muchos medios no han detallado explícitamente qué dijo Mbappé, lo que llevó a numerosos ciudadanos chinos a preguntarse qué había dicho exactamente para herir sus sentimientos.
Sin embargo, para muchas marcas vale la pena asumir el riesgo a cambio de acceder al enorme mercado de consumidores chino. Sanrio China registró ingresos por US$117 millones solamente durante el primer semestre de 2026, según medios estatales chinos.
Lo mismo ocurre con las estrellas deportivas que dependen de lucrativos contratos publicitarios, especialmente en un país que ya siente pasión por el básquetbol y tiene un creciente apetito por el fútbol.
Aunque las ligas y los equipos deportivos occidentales no pueden advertir públicamente a sus jugadores que eviten enfurecer a China, pues podrían arriesgarse a provocar otro tipo de reacción negativa, es muy posible que esas advertencias sí se produzcan tras bambalinas, según el analista deportivo Mark Dreyer, autor de un libro publicado en 2022 sobre las ambiciones deportivas de China.
“Eso es simplemente una práctica empresarial sensata, particularmente si hay patrocinios multimillonarios en juego”, dijo a Reuters.
Algunas controversias se apagan relativamente rápido y las marcas logran recuperarse. En otras ocasiones, el daño puede ser duradero y costoso.
Años después de una serie de anuncios que generaron polémica por cuestiones raciales y de supuestos mensajes privados ofensivos enviados por uno de sus cofundadores, Dolce & Gabbana sigue siendo una marca non grata en China.
Y después de que el gerente general de los Houston Rockets expresara su apoyo al movimiento de protestas prodemocracia de Hong Kong en 2019, China rompió vínculos con la NBA y prohibió que todos sus equipos jugaran en el país. Esto ocurrió pese a numerosas disculpas y se mantuvo hasta que finalmente se les permitió regresar el año pasado.
No está claro cuánto durará el camino hacia la recuperación para Sanrio y Mbappé. Pero “esto es lo que está en juego cuando se participa en el mercado chino”, afirmó Zak Dychtwald, fundador de Bridgeworks Global, firma que asesora a organizaciones multinacionales.
“Cuando las cosas salen bien, todos celebran. Y estamos hablando de la segunda economía más grande del planeta y, muchas veces, del mayor segmento de crecimiento para una empresa, cualquiera sea la compañía o industria en la que opere”, dijo a Reuters.
“Pero cuando te equivocas, las consecuencias pueden ser extraordinariamente dolorosas y la represalia, muy rápida”.
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