Julian Ryan (27) había tenido un turno agotador como trabajador de un restaurante de Ingram, Texas. Él era el encargado de lavar los platos del local de comida y tras cumplir sus horas de trabajo, se dirigió hasta su casa rodante, a la orilla de un río.
La extenuante jornada lo había dejado agotado, por lo que decidió dormir un rato. En minutos el agua comenzó a crecer y alcanzó su vivienda, donde vivía junto a su esposa y sus hijos de uno y seis años.
El agua entró con fuerza a la casa rodante, Ryan y su pareja, Christinia Wilson, despertaron de inmediato y vieron como la crecida ya les llegaba al pecho, por lo que subieron rápidamente a sus hijos a un colchón para mantenerlos a salvo.
Pero no podían salir, la puerta del dormitorio quedó sellada de forma hermética por la presión del agua.
La desesperación lo llevó a romper un vidrio para poder escapar, pero de paso se pasó a llevar una arteria del brazo, sangrando profusamente.
Su último acto en vida sería uno de amor, de amor por su familia.
Su madre y su hermana, que vivían a pocos metros, acudieron al lugar para ayudar a la familia y se encontraron con la escenar de Ryan sangrando, al borde de la muerte.
“Te amo”, dijo el hijo a su madre con el último aliento de vida.
Las llamadas al 911 (número de emergencias) fueron en vano. “Se despidió como un héroe”, dijo a CNN, Connie Salas, su hermana.
“Lo siento, no voy a sobrevivir. Los amo”, fueron las últimas palabras del hombre antes de morir sujetando la mano de su madre.
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