Durante tres semanas en octubre, Veridiana Cunha compaginó dos trabajos: su empleo como correctora de textos y una ocupación no remunerada como “soldado” de un ejército digital que luchaba por la reelección del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.
Cada pocos minutos, la mujer de 48 años revisaba WhatsApp en busca de nuevas instrucciones: compartir un video, dar “me gusta” a una publicación, posicionar una etiqueta entre las tendencias o reclutar nuevos integrantes. Reactivó una cuenta de Instagram que no utilizaba desde 2022 y aprendió a publicar en X por primera vez.
“Revisaba un texto y me iba al Ejército. Revisaba otro texto y me iba al Ejército”, contó a CNN. “Me gusta, compartir, publicar. Me gusta, compartir, publicar”.
Cunha fue una de los millones de brasileños que se unieron al “Ejército de Lula”, un canal de WhatsApp liderado por el diputado André Janones que se convirtió en una especie de centro de operaciones virtual durante las últimas semanas de la campaña presidencial brasileña.
Su misión: revertir una derrota en la primera vuelta que había hecho temer a los seguidores de Lula que su reelección se les escapaba de las manos.
El 25 de octubre, Lula ganó la segunda vuelta con el 51,79% de los votos válidos, frente al 48,21% del senador de derecha Flávio Bolsonaro. Se convirtió así en el primer candidato en la historia de las elecciones presidenciales modernas de Brasil en ganar una segunda vuelta después de haber quedado en segundo lugar en la primera.
Lula sumó aproximadamente 10,4 millones de votos entre ambas vueltas, un aumento que Bolsonaro cuestionó tras viajar a Estados Unidos. En una declaración de tres páginas publicada el miércoles, calificó ese incremento de “imposibilidad matemática”, denunció un fraude electoral sin presentar pruebas y se proclamó el “verdadero presidente de Brasil” (aunque luego cambió esa declaración para llamarse “líder” del país).
Pero las cuentas cuadran: casi 9,3 millones de votos obtenidos por candidatos eliminados en la primera vuelta estaban en juego, alrededor de tres millones de electores adicionales acudieron a las urnas en la segunda vuelta, y los votos blancos y nulos disminuyeron en 1,8 millones. El propio Bolsonaro sumó unos 3,7 millones de votos adicionales.
En medio de las preguntas sobre la sorprendente remontada de Lula, Janones emergió como una figura central: un combativo diputado de 42 años que se autodenominó “general” del ejército, asignó “misiones” diarias a sus seguidores y los instó a llevar la campaña más allá de sus propias redes sociales. Lula le agradeció públicamente la noche de las elecciones, llamándolo “nuestro general” y reconociendo su papel para mantener alta la moral de sus seguidores.

El legislador brasileño André Janones asiste a un acto de campaña del presidente de Brasil y candidato presidencial, Luiz Inácio Lula da Silva, en Juiz de Fora, estado de Minas Gerais, Brasil, el 16 de octubre de 2026, de cara a la segunda vuelta presidencial. (MAURO PIMENTEL / AFP vía Getty Images vía CNN Newsource)
Nacido en Ituiutaba, en el estado de Minas Gerais, Janones estudió Derecho y trabajó como cobrador de autobús mientras cursaba sus estudios. Alcanzó notoriedad nacional en 2018, cuando sus videos en apoyo a una huelga de camioneros se volvieron virales, y ese mismo año fue elegido diputado con un discurso antisistema.
Su trayectoria política no siempre estuvo alineada con Lula. Aunque militó en el Partido de los Trabajadores (PT) entre 2003 y 2015, posteriormente abandonó la formación y se convirtió en uno de sus críticos. Construyó su carrera electoral en otros partidos, presentándose como una figura independiente de Lula.
Sin embargo, en 2022 retiró su candidatura presidencial para apoyar a Lula frente al entonces presidente Jair Bolsonaro, padre de Flávio, y se incorporó a la estrategia digital de su campaña.
Actualmente, Janones pertenece al partido Rede Sustentabilidade. Tras su protagonismo en la campaña, dirigentes del partido de Lula plantearon la posibilidad de incorporarlo nuevamente a sus filas, pero el diputado descartó el cambio. Según declaró a Folha de S.Paulo, permanecerá en Rede por lealtad al partido y por la independencia política que le ofrece.
Su estilo combativo, al que bautizó como janonismo cultural, adoptó tácticas asociadas al movimiento bolsonarista: lenguaje provocador, publicaciones cargadas de emoción y ataques a sus adversarios. También convirtió a Janones en una figura polarizadora.
En 2025, la Cámara de Diputados lo suspendió de sus funciones parlamentarias durante tres meses por declaraciones ofensivas contra el diputado de derecha Nikolas Ferreira.
Viktor Chagas, profesor de la Universidad Federal Fluminense que investiga la comunicación política, describió a Janones como un político que “combate a la extrema derecha con los mismos recursos que ella emplea”, recurriendo a mensajes de fuerte carga emocional, un lenguaje agresivo y, en ocasiones, contenidos de procedencia dudosa.
Aunque, a juicio de Chagas, estas tácticas suelen perseguir fines democráticos, el académico advirtió que también pueden degradar el debate público al reducir discusiones políticas complejas a una confrontación constante.
Esas tensiones quedaron expuestas durante la segunda vuelta. El 11 de octubre, el presidente del Tribunal Superior Electoral de Brasil ordenó suspender el “Ejército de Lula” tras una denuncia de la campaña de Bolsonaro por presunta desinformación.
Otro magistrado revocó la decisión y un análisis técnico no encontró las afirmaciones denunciadas en los mensajes examinados, aunque identificó actividad coordinada y lenguaje polarizador. Janones negó haber difundido desinformación.
La campaña de Lula registró el canal ante la Justicia Electoral para permitir su reactivación, pero el 22 de octubre solicitó que fuera retirado del registro oficial, argumentando que funcionaba de manera independiente, sin financiación, personal ni instrucciones de la campaña.
La política brasileña ya estaba profundamente marcada por WhatsApp. La exitosa campaña presidencial de Jair Bolsonaro en 2018 se apoyó en extensas redes de grupos privados que difundían videos, mensajes políticos y desinformación.
La innovación de Janones, según los investigadores, consistió en combinar un mando centralizado con una ejecución descentralizada.
Andreya Prestes, de 50 años, se unió al Ejército desde sus comienzos y destacó el papel de Janones como líder del movimiento digital y su habilidad para enseñar a sus seguidores a utilizar las plataformas digitales para ‘romper la burbuja.’
“Es interesante ver cómo Janones entiende las redes sociales y nos hizo entenderlas también”, contó a CNN. “Creo que los movimientos importantes siempre necesitan líderes y Janones asumió ese papel de liderazgo que, de alguna manera, organizó el movimiento”.
Tras la derrota de Lula en la primera vuelta del 4 de octubre, el canal, que ya existía desde abril, creció hasta reunir a millones de seguidores.
Para la segunda vuelta, superaba los 10 millones de personas. El 5 de octubre, el día siguiente de la primea vuelta,lanzó un llamado a sus seguidores para que levantaran la cabeza y se prepararan para una remontada, prometiendo ganar las elecciones hablando “el lenguaje del pueblo”.
Mediante videos, audios y publicaciones, Janones ordenaba a sus seguidores impulsar etiquetas en las redes sociales, comentar en transmisiones en vivo, compartir videos, dar “me gusta” a publicaciones, publicar fotos haciendo la “L” de Lula, organizar cacerolazos y reclutar nuevos integrantes. Incluso les indicaba que no comentaran las publicaciones de sus adversarios, ya que la interacción podía aumentar su visibilidad mediante los algoritmos de las plataformas.
El ritmo era tan intenso que Janones llegó a autorizar relevos: “Si hay algún soldado sustituto, está autorizado el cambio. Pásenle el celular. Descansen y vuelvan en diez minutos”.
En ocasiones, dejaba de publicar instrucciones hasta que el canal alcanzara una nueva meta de seguidores, convirtiendo el propio reclutamiento en un desafío.
Tras la victoria, cuando Lula había sumado más de 10 millones de votos de la primera ronda a la segunda, el diputado reivindicó su estrategia. “Ganamos con 10 millones de votos más. Exactamente el cálculo que hice: dije que bastaba con que cada uno consiguiera un voto adicional”, escribió en X.
Chagas describió la estrategia como una forma de “gamificación”: asignar tareas, objetivos y recompensas para fomentar un sentido de competencia y propósito colectivo.
“El factor decisivo fue transformar la dinámica electoral en un juego, una disputa”, dijo a CNN. Según el académico, esa estructura aportó al activismo digital progresista un nivel de coordinación que había estado ausente incluso durante la exitosa campaña de Lula en 2022.
A diferencia de la estrategia bolsonarista en esta campaña, más centrada en difundir contenidos de unos pocos grandes influenciadores, el “Ejército de Lula” tenía un mando centralizado que daba instrucciones a sus integrantes para crear y difundir sus propios contenidos también. Janones no solo les decía qué compartir, sino que les enseñaba cómo hacerlo.
Leonardo Magalhães Firmino, director ejecutivo de la firma de investigación IPSE Global, comparó el método con la formación de miles de pequeños administradores de redes sociales.
“Les dio un método”, dijo Firmino a CNN. “Ya existía la voluntad, ya existía la energía. Había un potencial latente y él hizo posible que ese potencial se manifestara”.
Un estudio de IPSE publicado antes de la segunda vuelta documentó la velocidad de la operación. Entre el 19 y el 22 de octubre, el 96% de las misiones relacionadas con etiquetas que monitorearon en canales afines a Lula generaron publicaciones de al menos 10 cuentas en un plazo de seis horas. La primera respuesta aparecía generalmente en unos dos minutos.
Otro análisis identificó aproximadamente 2.300 cuentas que amplificaron esas misiones, generando 25,8 millones de interacciones entre el 18 y el 24 de octubre.
Sin embargo, los datos reflejan la actividad públicamente visible, no el alcance total de los mensajes que circularon por grupos privados.
Para Firmino, la derrota de Lula en la primera vuelta despertó un sentimiento de urgencia entre sus seguidores, que Janones supo canalizar y convertir en una movilización organizada, capaz de llevar la campaña más allá de las redes sociales. El investigador considera que esa estrategia fue fundamental para la victoria de Lula.
“No tengo ninguna duda. Sin eso, creo que la remontada no habría ocurrido”, afirmó a CNN. “Organizó a la militancia, le dio un método. Creo que ese es el punto principal”.
Según Firmino, la derecha subestimó la estrategia de Janones al considerar que solo hablaba con quienes ya apoyaban a Lula. Pero ahí estaba precisamente la clave: en una estrategia de mando centralizado y difusión capilar, el objetivo era hablar directamente con los “soldados” ya movilizados, no con los indecisos.
“Quien habla con los indecisos es el soldado”, explicó. Y eran ellos quienes, a su vez, llevaban el mensaje más allá del canal, a familiares, amigos y electores indecisos.
Aun así, la victoria de Lula respondió a factores que fueron más allá de la batalla digital: la participación electoral, la redistribución de los votos de candidatos eliminados y los cambios geográficos en el apoyo a los candidatos.
Para Cunha, las misiones significaron mucho más que una causa política.
Su madre, una histórica simpatizante de Lula, enfermó gravemente en agosto y ella pasó semanas a su lado en Minas Gerais, por lo que no votó en la primera vuelta. De regreso a São Paulo por trabajo, necesitaba una distracción y un propósito, que encontró en la movilización digital.
“El Ejército salvó a Brasil, salvó a Lula y me salvó un poco a mí también”, contó. Participar en la campaña le permitió sentirse más cerca de su madre y continuar luchando por una causa que ambos compartían.
Pero una de sus mayores satisfacciones llegó el día de las elecciones, cuando una amiga indecisa que pensaba abstenerse finalmente acudió a las urnas y votó por Lula.
“Conseguí cambiar un voto”, dijo Cunha, con la sensación de haber cumplido la misión más importante de todas.
Nadie puede determinar cuántas historias como la suya se tradujeron en votos adicionales a escala nacional. Pero, para Cunha, la victoria tuvo una consecuencia inesperada: después de tres semanas dedicadas casi por completo a la campaña, volver a la normalidad resultó más difícil de lo que imaginaba.
“Creo que estamos viviendo una especie de estrés postraumático del Ejército, como si realmente hubiéramos ido a la guerra”, dijo. “Estamos agotados, pero queremos más misiones. Sentimos que podemos conquistar el mundo”.
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