Brasil definirá a su presidente este domingo: Otro giro a la derecha podría definir el mapa regional de América Latina

Por
Combo de fotografías de archivo que muestra al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva (d), y al senador Flávio Bolsonaro. EFE/ARCHIVO

(CNN Español) — La ola de triunfos de la derecha en elecciones en América Latina podría coronar en octubre su mayor victoria en Brasil, donde el presidente Lula da Silva se juega la reelección en una disputada contienda que pone en juego el liderazgo regional del mandatario, una de las pocas voces con proyección en otros continentes.

Las encuestas indican que sería necesaria una segunda vuelta para definir al ganador y hay un empate técnico entre el mandatario, de 80 años, y el principal candidato opositor, Flávio Bolsonaro, quien compite luego de que su padre, Jair Bolsonaro, quedara inhabilitado por abuso de poder y posteriormente fuera condenado por tentativa de golpe de Estado.

“Indudablemente, Lula da Silva es el único estadista de proyección global en una América Latina de rostros mayormente emergentes y de limitado peso internacional. Más aún, una América Latina en la que las posturas moderadas, como las que él representa, son escasas”, dijo a CNN el académico y exdiplomático venezolano Alfredo Toro Hardy.

“Su eventual salida dejaría un manifiesto vacío en la capacidad de interlocución latinoamericana en la esfera mundial”, agregó el internacionalista, quien fue embajador en Brasilia.

“Siendo Brasil y México los dos grandes países de la región, encontraríamos a presidentes básicamente volcados hacia lo doméstico y con poca vocación de mundo”, apuntó.

Lula pronunció la semana pasada su discurso en la Asamblea General de la ONU. En la primera década del siglo XXI, cuando el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, acaparaba las miradas con su encendida retórica antiimperialista, Lula apostaba por una imagen más moderada de la izquierda.

Esta vez Lula, quien es uno de los mandatarios latinoamericanos con más intervenciones en la historia de la cumbre, dejó una de las frases más resonantes entre los discursos de la región, dirigida a la Casa Blanca: “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”

El líder del Partido de los Trabajadores (PT) volvió al poder en 2023 después de 12 años, durante los cuales tuvo una activa agenda internacional, especialmente en América Latina y África, pero luego quedó sometido a los procesos judiciales por los que estuvo preso un año y medio (lo que le impidió ser candidato en 2018) hasta que fue liberado en 2019 y posteriormente su condena quedó anulada.

“Si Lula pierde, la región estaría perdiendo esencialmente una figura central en lo que fue —y en cierto modo sigue siendo— un momento crucial”, dijo a CNN el politólogo Juan Pablo Scarfi, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de San Andrés e investigador del Conicet (Buenos Aires).

“Es uno de los grandes líderes regionales con una trayectoria importante, pero las circunstancias y el contexto internacional han desprestigiado bastante esa trayectoria del pasado, por lo menos de la época de la ‘marea rosa’”, señaló.

Scarfi apuntó que, si bien Lula no gravita como lo hacía “hace 10 o 15 años”, en parte por el nuevo escenario internacional, afirmó que, si es derrotado, la región perdería “un bastión democrático importante”, mientras que, si gana, se mantendría un escenario de polarización ante la ola derechista.

Después del impeachment a Dilma Rousseff, el PT perdió la elección de 2018, cuando ganó Bolsonaro padre.

En ese momento, el péndulo político no estaba tan marcado como ahora: gobernaban líderes de una derecha heterogénea, como Sebastián Piñera en Chile, Iván Duque en Colombia o Mauricio Macri en Argentina, pero también mandatarios de izquierda como Evo Morales en Bolivia, Nicolás Maduro en Venezuela y el entonces recién electo Andrés Manuel López Obrador en México.

Esta vez, Brasil, el país más grande y poblado de la región, va a las urnas cuando la derecha, en varios casos apoyada por el presidente de EE. UU., Donald Trump, lleva una racha de casi dos años sin derrotas ante la izquierda.

El presidente de Brasil, Lula da Silva, en una reunión en Brasilia, el 11 de agosto. Adriano Machado/Reuters

El presidente de Brasil, Lula da Silva, en una reunión en Brasilia, el 11 de agosto. Adriano Machado/Reuters

“El contexto internacional pone a Lula en una posición no marginal, pero la convergencia internacional hacia las derechas lo posiciona con un discurso en cierto modo del pasado. Él podría ser un contrapeso, tiene la capacidad de liderazgo para hacerlo, pero el contexto internacional le es muy desfavorable”, explicó Scarfi.

“Es una figura importante para reconfigurar alineamientos regionales en otra dirección, contrarrestando las maniobras que viene desarrollando (el presidente de Argentina, Javier) Milei”, agregó.

El mandatario argentino es uno de los más estrechos aliados de la Casa Blanca, que sigue con especial atención los comicios en Brasil y ya dio su apoyo abierto al principal candidato opositor, como también lo hizo Milei.

Elecciones en Brasil: La importancia para EE. UU.

Washington dejó claro en su nueva estrategia de seguridad para América Latina que busca expandir su presencia a través de nuevos aliados. La injerencia en procesos electorales ha sido uno de los componentes para ese objetivo.

“Un triunfo de Bolsonaro ampliaría el club MAGA en América Latina. (…) La membresía del mismo pasaría a contar con la presencia del país más importante de América Latina, lo que no sería poca cosa”, dijo Toro Hardy, y destacó la importancia estratégica de Brasil por sus enormes reservas de tierras raras, un aspecto en el que EE. UU. está en marcada desventaja frente a China.

El internacionalista agregó que Estados Unidos busca revertir la influencia de Beijing en la región “por las buenas o por las malas”, ya sea promoviendo gobiernos afines o interviniendo como en Venezuela. Por ello, dijo que la salida de Lula “representaría la caída del último muro de contención frente al ventajismo al que aspira Trump” y que ello “afectaría muy negativamente a China”.

Scarfi afirmó que la Doctrina Donroe “impuso una cierta ruptura del equilibrio regional porque introdujo una dimensión unilateral” en la región.

“Esa alianza hemisférica está rindiendo sus frutos. No es Trump el que está construyéndola, sino Milei y otras alianzas regionales que van reconvirtiendo su política exterior en función de estas redefiniciones. Esto está sucediendo en una era en la cual la OEA carece de peso y donde Trump no está jugando el juego hemisférico multilateral tradicional, sino un juego geopolítico para recomponer el liderazgo mundial de Estados Unidos”, explicó.

El politólogo Eduardo Gamarra, profesor de la Universidad Internacional de Florida, comentó que las elecciones de Brasil se enmarcan en lo que ve como el fin de un ciclo iniciado en Miami hace tres décadas de integración comercial, democracia liberal y, en menor medida, el combate al narcotráfico.

“Este fin de época hace que, de alguna manera, Lula da Silva sea el último de los presidentes que, a pesar de ser de izquierda, era parte de esa visión latinoamericana de integración”, apuntó en diálogo con CNN.

“Estados Unidos, a través de la política de Trump, está estableciendo unas relaciones extraordinariamente condicionadas con los países que forman parte de esta nueva lógica llamada el Escudo de las Américas”, agregó.

Sin embargo, señaló que la ola de victorias de la derecha no ha arrojado una “nueva era de prosperidad y estabilidad”, sino que está sacudida por desafíos con problemas de gobernabilidad para varios de los nuevos mandatarios.

“Justo cuando este péndulo llega a su punto más alto con la transición hacia la derecha de varios gobiernos, entra en una crisis profunda. Los países gobernados por la derecha latinoamericana también están en crisis; la coalición trumpista latinoamericana es muy frágil”, ahondó.

Por ello, indicó que Lula es “lo último que nos amarra a 1994, a la Cumbre de las Américas y a esa visión de democracia y comercio”.

Y agregó: “Si gana, será una contraparte extraordinaria para estos gobiernos de derecha en la región”.

¿Quién podría llenar el vacío?

Para Gamarra, “indudablemente” sería poner mucho peso sobre los hombros de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, si fuese vista como la nueva vocera regional, con lo aislada que quedaría políticamente y con lo condicionada que está la política exterior de su país al vínculo con su vecino del norte. “Ella ha manejado muy bien esta relación hasta ahora”, agregó.

En tanto, es Milei quien más ha intentado proyectar una imagen internacional como representante del bloque de derechas y quien podría aspirar a ocupar un lugar de referencia regional.

Si perdiera Lula, “estaríamos en un escenario donde Milei podría tener mucha más proyección que el propio Flávio Bolsonaro”, dijo Scarfi. “Está clarísimo que Bolsonaro no tendría la misma capacidad de converger en una alianza con Trump como la que ya está logrando Milei”, agregó.

El analista apuntó que una muestra de la proyección del presidente argentino ocurrió con los anuncios sobre las Islas Malvinas, en los que el mandatario destacó que Trump dijo que EE. UU. está reevaluando su posición sobre esos territorios.

“Milei, con su modo de intervenir en la cuestión Malvinas, más orientado a una visión geopolítica de recursos naturales y demás, hizo una maniobra muy eficaz desde el punto de vista político. Esa estrategia lo posiciona cerca de Trump y como un referente”, analizó.

De todos modos, de la intención al hecho habría un largo camino por recorrer. Los analistas consultados señalaron la posibilidad de que nadie termine de ocupar esa vocería regional.

Pese a una mayor afinidad ideológica, o casi uniformidad en Sudamérica con la excepción de Uruguay, los gobernantes de derecha no han mostrado iniciativas de acción conjunta más allá del Escudo de las Américas tutelado por Washington, y sin Lula ello podría recrudecer. “Esa sería la consecuencia”, dijo Gamarra.

“No hay un liderazgo por parte de nadie en este momento. Si ves a Lula, él es un líder con reconocimiento fuera de América Latina, pero no habla por Argentina ni por Chile, y el Mercosur se está cayendo a pedazos. Por más que exista una coincidencia ideológica (en caso de que gane Bolsonaro), eso no significa una acción colectiva. Además, ya no hay instituciones multilaterales”, dijo con críticas a la OEA y a la ONU.

“Estamos en una situación donde lo multilateral se ha reemplazado por lo bilateral o por lo absolutamente personal”, comentó.

Brasil, como potencia económica que está mucho más al sur de EE.UU. que otros países de la región, tiene mayor autonomía y en el último año ha podido plantar cara a Washington en varios episodios de tensión bilateral, con aranceles y sanciones incluidas. Si un nuevo gobierno cambia esa estrategia, dificultaría el equilibrio que intentan otros países en su relación con la Casa Blanca.

“Toda la dinámica de integración regional que está en declinación y que podría ser un contrapeso es, al mismo tiempo, la única dinámica capaz de hacer frente a este reforzamiento de una lucha geopolítica internacional marcada por la disputa entre grandes potencias”, dijo Scarfi.

“Si gana Bolsonaro, veríamos realineamientos geopolíticos detrás de los Estados Unidos con un líder que no está muy dispuesto a establecer alianzas de integración ni bilaterales con un discurso internacional robusto”, añadió.

En cuanto al Mercosur, Scarfi indicó que “se encuentra en un momento bisagra” y que una victoria de Bolsonaro “podría desencadenar una crisis” en el bloque comercial.

“A pesar de haber nacido en la época del Consenso de Washington, el Mercosur siempre significó un contrapeso respecto a alianzas comerciales más bilaterales y flexibles con Estados Unidos, buscando un desarrollo económico regional autónomo”, detalló.

Con una alineación casi total a la Casa Blanca, ese contrapeso sería cosa del pasado.

Lee también