Vladimiro Mimica y su pasión por las comunicaciones: “La radio ha sido mi amante y a ella le he entregado mis mejores esfuerzos”

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Vladimiro Mimica ha construido una trayectoria que cruza el periodismo deportivo, la radio y la vida pública.

Desde Punta Arenas, donde comenzó a relatar fútbol siendo apenas un niño, hasta sus transmisiones de grandes acontecimientos deportivos, su historia quedó marcada por una voz y un estilo reconocibles para varias generaciones.

En CNN Íntimo, Mimica repasó parte de ese recorrido a propósito de la publicación de su libro Tuya, mía, para ti, para mí. Una vida compartida, una obra en la que reúne episodios de su vida personal y profesional. “Es parte de un resumen de una larga vida entregada fundamentalmente, más que al deporte diría yo, al servicio de los demás”.

Una voz, muchas historias

Su relación con el relato deportivo comenzó en la infancia, cuando encontró en la radio un espacio para desarrollar una vocación que terminaría convirtiéndose en su profesión. “Que a los 10 años yo pudiera relatar un partido por la radio para toda la Patagonia chileno-argentina; eso es hoy imposible, no existe esa posibilidad”.

Mimica reflexionó sobre su fuerte vínculo con el medio radial: “Mi principal fortaleza estuvo en dedicarle todos mis afanes, toda mi fuerza, todo mi cariño a una amante; las amantes generalmente están ocultas, pero esta es una amante confesada y desde siempre: la radio ha sido mi amante y a ella le he entregado mis mejores esfuerzos”.

Pero su vida también quedó marcada por acontecimientos que trascendieron el deporte. Tras el golpe de Estado de 1973, fue detenido y llevado al Estadio Nacional, donde permaneció junto a otros presos políticos. “El parte que firmó un general decía que se debía detener al ciudadano Vladimiro Mimica Cárcamo por mi militancia socialista y por ser un activista peligroso“.

Al recordar ese período, relató incluso cómo un funcionario de Carabineros le indicó que debía destruir una libreta que contenía numerosos contactos: “Te tienes que comer la libreta, y me trajo leche. Hoja por hoja me fui comiendo la libreta, tomando leche; comía una hoja y tomaba leche, y yo tengo que agradecer ese gesto, porque seguramente evité que muchísimos compañeros hubieran tenido la misma suerte de la que yo tenía en ese instante”.

Otro de los episodios que recordó fue el apoyo que recibió de amigos cuando volvió a estar en peligro en la década de 1980: Boris Stipicic y Luis Javier Boric (padre del expresidente Gabriel Boric), quienes lo ayudaron a salir de Chile. Para Mimica, aquel episodio terminó demostrando que los vínculos personales podían imponerse a las diferencias políticas: “Ahí sentí que el cariño, el amor de la amistad, la amistad misma es mucho más fuerte y sobrepasa las diferencias políticas (…). Somos amigos hasta hoy y lo seremos hasta que dejemos de respirar”.

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