Hace pocos días Escuelas Abiertas presentó un informe sobre asistencia escolar que vuelve visible algo que ya sabemos, pero que preferimos olvidar o que preferimos hacer como si no supiéramos la cantidad de días sin clases que hay en nuestro sistema escolar.
Suspender las clases escolares se convirtió en la variable de ajuste de nuestros problemas. Así, uno de cada cuatro niños podría terminar este año escolar con 27 días sin clases, lo que son más de 5 semanas.
El Instituto Nacional lleva 39 días sin clases. ¿Por qué? Emergencias, tomas, paros, narcofunerales, lo que usted quiera.
En tres comunas, Copiapó, Antofagasta, Alto Hospicio, hay muchos establecimientos sin jornada escolar completa. La promesa no se ha cumplido.
Todo esto, por supuesto, incide en los procesos educativos, no se puede enseñar con tanta suspensión, tiene unos enormes problemas de cuidado sobre las familias, por supuesto, y afecta, desde luego, a los más vulnerables.
El presupuesto de la Nación no presenta aumentos en esta materia, en educación escolar. La gratuidad universitaria ha vuelto imposible invertir las prioridades y gastar más donde más rinde y donde más se necesita.
El gasto crece en educación superior y va a seguir creciendo, y a duras penas se mantiene en educación escolar e inicial.
Tenemos una deuda grande con los niños de Chile, quizás sería hora de hacernos cargo.
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