El próximo lunes se cumplirán 150 días del nuevo gobierno. Hizo un ajuste de gabinete, reforzó su déficit en seguridad, tuvo tiempo de marcar diferencia en control migratorio, enfrentó su primera emergencia climática y aprobó en el Congreso su reforma estrella para retomar el crecimiento económico.
Sin embargo, las cifras de Cadem en julio para el presidente Kast son las peores: 37% de aprobación —5 puntos menos que en junio— y 59% de desaprobación, 6 puntos más que el mes pasado.
Le ha hecho mucho daño el desorden interno de su diseño, con el control político y de gestión radicado en el segundo piso y no donde está el poder formal. La salida de más de 30 autoridades nacionales y regionales ha mostrado un gobierno que repite amplificada la inexperiencia y el amateurismo en el que precisamente se esperaba que marcara diferencia con el gobierno anterior.
Tampoco consiguió que la ley de Reconstrucción fuera vista por la gente como una iniciativa para recuperar el crecimiento y el empleo y, para una buena mayoría, está hecha para favorecer a las grandes empresas y los altos ingresos, como pregona la oposición. El alto rechazo y baja aprobación de su principal vocero, el ministro Quiroz, ha sin duda empujado hacia abajo la valoración del gobierno.
Por último, aunque la agenda gubernamental esté concentrada en los temas de mayor interés y respaldo ciudadano, las distintas voces en la derecha que se disputan el rol de DJ generan una cacofonía que anula la comunicación del gobierno, con Kaiser y los Nacional Libertarios picando como tábano desde el extremo derecho y con Republicanos que no terminan de asumir su condición de principal partido de gobierno, distorsionando el posicionamiento de un gobierno que se quiere pragmático y enfocado en las prioridades ciudadanas, pero su identidad termina distorsionada y le da verosimilitud al propósito opositor de que sea identificado como un gobierno de ultraderecha, respecto del cual la única conducta posible es la cerrada y radical oposición.
Lo salva, sí, que enfrentará su primera medición electoral en 27 meses y tiene tiempo para intentar hacerse cargo de estos problemas. Su principal desafío de cara a las elecciones municipales y regionales de 2028 es el empleo.
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