Cuidado con aficionarse mucho al bar, decía mi abuelo. Se estaba refiriendo, obviamente, a tener cuidado con el consumo de alcohol. El bar es un hito irremplazable, por ejemplo, en las películas de vaqueros del viejo Oeste. Ahí daba la impresión que toda discusión terminaba en el duelo callejero o, más probable aún, en el bar.
En el ámbito futbolístico hay otro VAR, este con V corta. Y responde al concepto en inglés de Video Asistente del Referee, donde el árbitro revisa las jugadas pasadas para ver si hubo o no infracción a las reglas del juego. Y que a veces salva a un equipo, o lo sepulta con la revisión posterior.
Pero también hay otro VAR. Que no es tan popular como el deportivo, ya mencionado. Y que, cuando hay época de elecciones, aparece en todo su esplendor.
Este VAR se despliega incesantemente por estos días. Y responde a la sigla construida a base de tres definiciones sicológicas, que alcanzan un vuelo imponente cuando se trata de conseguir los votos de los ciudadanos.
Primero está la Vanidad, definida como la creencia excesiva en las propias habilidades y la convicción de una inmensa atracción que se causa en los demás.
Le sigue el Aburrimiento, que es la maldición de la política, que se trata de evitar a toda costa, a través de un incesante deseo de nuevas experiencias.
Y finaliza este VAR, el Resentimiento, definido como la imposibilidad de olvidar un daño, una vieja derrota, o a un adversario insoportable.
Cuando una parte de la política y sus protagonistas está dominada por este último VAR, como ocurre en época electoral, la forma que la ciudadanía tiene para escoger sus candidatos varía… Y mucho. Porque afloran los candidatos superhéroes, que – si son elegidos- van a despachar altiro a todos los malos y todos los males. Saltan también al escenario los que recién ahora se acuerdan de lo que hay que hacer y se habían olvidado la última vez que compitieron, prometiendo gobernanza 24/7, incluyendo feriados. El VAR político hace que incluso dentro de los mismos pactos salten rencillas, porque tú no eres tan capa como yo.
Se nos viene el VAR electoral, que es el inevitable porcentaje ensimismado y autosuficiente de una competencia democrática necesaria e irremplazable.
¡Salud vaqueros y vaqueras!
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