“Vanitas Vanitatum et omnia Vanitas”.
Vanidad de vanidades, todo es vanidad. La frase ha sido atribuida a varias personas; está en la biblia, en el Eclesiastés. La versión más repetida es que la dijo Salomón, cuando se distanció de su padre, David, por considerar que la vida de rey dejaba a la persona incapaz de apreciar los momentos importantes, porque ya se tenía todo, y lo único que importaba era la ostentación y la superficialidad del ego.
Esta frase la traigo a colación a raíz de la noticia de que un empresario de EE. UU., Bryan Johnson, hace pocos días, se gastó 2 millones de dólares, en una operación inédita para retardar el envejecimiento y verse más joven. La operación, que incluía inyectarse grasa humana, no salió bien, y Johnson sufrió una hinchazón enorme que le causó pérdida temporal de visión.
La vanidad ha generado en el mundo decenas de palacios, estatuas y monumentos, para honrar a quiénes las mandaron a hacer.
Más que buscar rejuvenecer físicamente, gracias a intervenciones quirúrgicas, lo que se necesita es un rejuvenecimiento de ideas, que no pueden instalarse gracias a un bisturí. No importa la plata que tengas, amar al prójimo como a ti mismo es una voluntad de la mente, no del bolsillo.
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