El jueves se inauguró la gran sala sinfónica de la Universidad de Chile, un nuevo espacio cultural, de gran nivel, llamado VM20.
Además de ser un regalo para la música y para Chile, este edificio contiene muchas lecciones de gran importancia, que exceden el enorme logro musical, que ya en sí es de gran mérito.
En primer lugar, el edificio posee una arquitectura original, precisa y preciosa, obra de Iglesis Arquitectos y Diéguez Arquitectos, y a pasos de plaza Italia. ASí, VM20 pone en valor la arquitectura chilena, desarrollada además en este preciso lugar. Es un llamado a las personas a ir al centro, a no abandonarlo, a vivirlo.
En segundo lugar, esta obra atravesó el mandato de tres rectores diferentes, que continuaron la labor de sus predecesores, sin personalismos. Es una muestra de la capacidad humana de cooperar y de perseverar, más allá de quien ha comenzado una obra valiosa.
Eso es válido para los rectores, pero también para las autoridades a todo nivel. Debería ser la norma, no la excepción.
Por último, este edificio tuvo que pasar por el estallido, la pandemia, desafíos económicos, sin embargo, logró ver la luz. Un ejemplo de resiliencia, de que sí es posible construir en Chile proyectos de gran envergadura y significado.
Un aplauso cerrado para la rectora rosa devés y para todas las personas que trabajaron para que se haya concretado este nuevo hito nacional, que ya es parte de nuestra historia y patrimonio.
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