El destacado escritor argentino y flamante ganador del Premio Herralde de Novela, Pablo Maurette, abordó la irrupción tecnológica en el ámbito literario y educativo. Durante su participación en el programa “Influyentes” de CNN Chile, el autor de El contrabando ejemplar profundizó sobre la actual crisis de las humanidades y cómo la inteligencia artificial (IA) está redefiniendo el concepto de autoría.
En medio de un escenario donde el uso de nuevas tecnologías agita a la academia, el también docente universitario fue tajante respecto a su propio proceso creativo. “Jamás escribiría con IA porque le quita todo el placer“, sentenció Maurette. Si bien el escritor reconoció que la herramienta funciona como “una especie de calculadora gigante”, advirtió sobre los riesgos evidentes en la formación de los estudiantes. “Estoy viendo que muchos alumnos le piden resúmenes a la IA, no leen. Entonces, para mí, le quita el gusto a la docencia”, sinceró.
Además del ámbito educativo, el escritor analizó el impacto que estas disrupciones tecnológicas y políticas tienen en la defensa del pensamiento crítico. A su juicio, las humanidades enfrentan “un golpe terrible” que proviene de distintos frentes. “Los seres humanos somos animales con lenguaje, y si uno no cultiva el lenguaje, si uno no cultiva la concentración (…) si uno no sabe hablar, significa que no sabe pensar, y las humanidades nos entrenan en el pensamiento”, afirmó, criticando a quienes consideran irrelevante el estudio de estas disciplinas en las universidades.
Por otro lado, Maurette se dio tiempo para reflexionar sobre la actual coyuntura de Argentina bajo la administración del mandatario Javier Milei y la búsqueda ciudadana de figuras ajenas a la política tradicional, calificándolo como un síntoma extendido. “Llegamos aquí por una sucesión de gobiernos malos, que fueron de mal en peor durante muchos años, y es un fenómeno un poco global, la gente que se harta de la política, entre comillas, y busca a alguien que no venga de la política”, explicó.
Finalmente, sobre la idea de un supuesto “ADN argentino” y el concepto de contrabando que inspira su obra ambientada en el siglo XVII, el escritor descartó que las sociedades tengan características inmutables, pero reconoció la profunda crisis de confianza que impera hacia el Estado. “Al argentino le parece muy feo robarle a alguien la billetera (…) pero quitar dinero de un fondo público, si no es funcionario, casi no se siente como un delito”, concluyó, aludiendo a la distante relación de sus compatriotas con las instituciones.
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