EL PRESIDENTE BORIC hizo ayer su última cuenta pública. Unos ven el vaso medio lleno, otros solo medio vacío. Pero quiero hacer énfasis en un legado que todos, todas, deben reconocerle a este Gobierno: que a los llamados papito corazón por fin les llegó su hora. Y ahora pagan algo tan básico como los alimentos de sus hijos e hijas.
A dos años de la ley papito corazón, -la Ley del Pago Efectivo de Pensiones de Alimentos-, se ha ordenado el pago de casi 2,5 billones de pesos, equivalente a lo que recaudan 52 teletones, dijo el Presidente.
El número es impactante; más lo es pensar en las miles y miles de mujeres, que no son números, sino personas de carne y hueso, que hicieron fila a la salida de las AFP, para poder cobrar el 10% de quienes les debían a ellas y sus hijos.
Esa imagen fue el detonante para que se visibilizara una injusticia histórica.
La de hombres, de todas las clases sociales, que abandonan a sus hijos y les niegan a sus madres el pago de su mantención. Esa impunidad llegó a su fin, y el número de recaudación es masivo.
En medio de las críticas a que la democracia no resuelve problemas, esta ley -de amplio apoyo- revela que sí se puede. Aunque a veces no capte los titulares, no por ello es menos significativo este logro, sino todo lo contrario.
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