Porque Dios así lo quiso porque Dios también es hombre. La letra de Los Prisioneros en los 90 recoge un malestar nunca puesto en la primera línea, pero no por ello inexistente en relación con la Iglesia Católica: el rol de la mujer. Un tema que vuelve al centro de la discusión y que se suma a aquéllos de los cuales debería hacerse cargo esta institución.
Nos han impactado los abusos sexuales sufridos por religiosas. Pero también atropellos de conciencia, laborales, maltratos de todo tipo. Monjas como siervas de sacerdotes.
Y siempre invisibilizadas. Porque si ha sido difícil conocer los casos de abusos sexuales a hombres, de las víctimas femeninas recién comenzamos a saber.
No es lo único. Mientras las mujeres se la juegan en las comunidades de base, tienen un rol siempre secundario en la jerarquía de Iglesia Católica; imposibilitadas de ejercer el sacerdocio sólo por razones históricas y no teológicas y por tanto lejos de las esferas de poder.
Ya no es la época en que se nos quemaba en la hoguera, pero aún hay mucho que cambiar. Demasiado tiempo en que el modelo femenino ha estado asociado a la obediencia como virtud primordial. La obediencia a Dios y al esposo.
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