El Fiscal Nacional, Ángel Valencia, hizo un diagnóstico crudo sobre la ola de secuestros extorsivos que azota a Chile.
“Estamos mal”, afirmó en conversación con T13, y reconoció que a diferencia de los homicidios, “no hemos conseguido detener el aumento de secuestros extorsivos”. El cambio más preocupante, según el persecutor, es el perfil de las víctimas: si antes el delito ocurría “entre delincuentes… para cobrar una deuda de drogas”, hoy ataca a comerciantes y ciudadanos sin vínculo criminal.
Valencia describió a las bandas como organizaciones “policriminales” que actúan simultáneamente en “la trata de migrantes, en la trata de personas para explotación sexual, en el narcotráfico, en la extorsión”.
Sobre el Tren de Aragua, trazó una analogía comercial: su estructura se asemeja al modelo de “franquicias”, donde la cúpula autoriza quién usa la marca y los grupos locales tributan al dueño original.
Criptomonedas y una sociedad sin “cultura” de reacción
El fiscal alertó que los pagos por rescate “ya no son billetes”, sino que los delincuentes “rápidamente los convierten en criptoactivos” para evadir a la justicia. A esto se suma que Chile es un “mercado que no estaba explorado” por estas redes transnacionales y que la población carece de “cultura de cómo se enfrentan los secuestros”.
Valencia subrayó el dilema entre la familia que quiere pagar y el interés social: para que el crimen deje de ser rentable, sentenció, “no ser rentable significa que no se pague”.
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