No hay contexto que justifique el horror y eso o se piensa siempre o es que los principios no son tales.
Masacrar jóvenes en un festival, asesinar a civiles en sus casas, secuestrar niños o adultos, exhibir cuerpos de muertos. Lo que ha hecho Hamás es terrorismo, no un acto de resistencia, y es una vergüenza que algunos lo justifiquen. Más cuando Hamás sabe que tiene de escudos humanos a quienes habitan en Gaza, la mitad de ellos: niños.
Y el horror sigue y tampoco puede callarse ante el castigo a civiles que es lo que está haciendo Israel al dejar sin agua, luz y alimentos a la Franja de Gaza.
¿Tiene derecho Israel a defenderse? Sí. ¿De cualquier forma? No. Lo que está haciendo viola el derecho internacional, porque hasta en una guerra hay normas y no lo exime el hecho de pedir una evacuación que la propia ONU ha dicho además que es imposible en el plazo determinado.
¿Evacuar dónde? ¿Evacuar cómo? No hay que caer en el chantaje. No hay que elegir entre condenar el terrorismo de Hamás o la ilegalidad de parte de las formas de defensa de Israel.
Una vergonzosa línea ha hecho que en demasiados casos sea el origen étnico o la cercanía ideológica lo que marque las posturas y no principios que deberían ser universales.
En relación al negacionismo del Holocausto, la amenaza a la existencia o los territorios palestinos ocupados o cercados, debiera ser la misma vara siempre, mientras en Gaza los hospitales están a horas de transformarse en morgues.
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