La venganza suele decirse que es un plato que se come frío y muy frío. Sebastián Piñera esperó casi cuatro años para su propia venganza personal, ya que dijo que lo que ocurrió a partir del 18 de octubre del 2019 fue un golpe de Estado no tradicional, lo que ha generado mucha discusión, pero hay que fijarse en la secuencia: esperó ser tildado de demócrata por el presidente actual, que antes le había avisado que lo iba a perseguir en tribunales internacionales, y esperó ser invitado por el presidente a una gira internacional a Paraguay hace una semana para poco después de los 50 años del golpe de Estado en septiembre lanzar esta frase.
El octubrismo, sea lo que sea que fuera eso, tuvo una ética, una estética y una política fundamentalmente antipiñerista, ese fue su norte y fue su identidad y Sebastián Piñera está simplemente cobrando su revancha y pasando la cuenta.
Los cientistas políticos vamos a discutir durante mucho tiempo qué es lo que ocurrió ahí, pero Sebastián Piñera no está reconceptualizando la noción de golpe de estado, está simplemente pasando una cuenta a todos aquellos que siente él que quisieron interrumpir un gobierno democráticamente electo. Me llama la atención el modo en que el expresidente vuelve a aparecer, me parece que demuestra que su astucia política sigue tan viva como siempre.
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