“Lo positivo sería no que Daniella Cicardini se adapte al Senado, sino que el Senado se adapte a la manera en cómo está haciendo política Cicardini”.
La frase pertenece al diputado socialista Daniel Manouchehri y fue pronunciada en defensa de la senadora Cicardini, quien hace pocos días le pidió la renuncia al ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, y que luego fue corregida por la presidenta de su propio partido, la senadora Paulina Vodanovic.
No hay que confundirse: aquí hay dos pugnas distintas. Una es la interna del Partido Socialista (PS), pero también existe un debate sobre la naturaleza del Senado. ¿Debe el Senado adaptarse a las prácticas de quienes fueron diputados? ¿Tiene sentido replicar la lógica, hay que decirlo, muchas veces tóxica, que predomina en la Cámara, o más bien debería ser al revés?
Una institución que se adapta a las personas, diputado Manouchehri, no es tanto una institución como un instrumento al servicio de una ambición o de cualquier tipo de caudillismo, que es exactamente lo que deberíamos evitar. En una república —que es como aún creo que estamos— son las personas las que deben adaptarse a las instituciones para no caer en ninguna patología democrática. Me parece que los parlamentarios del PS deberían aprender, al menos, esta lección.
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