El pintor francés Francis Picabia decía que nuestra cabeza es redonda, para permitir que nuestros pensamientos cambien de dirección.
Interesante metáfora para explicar una condición humana universal, que ya habían notado los japoneses en su proverbio, citado antes en otro minuto de confianza, que señala que el ser humano tiene seguridad de tres cosas: nace, muere y cambia.
Cambiar no es debilidad; al contrario, es fortaleza provista por reciente información, que mejora y proyecta un nuevo conocimiento. La inercia, el statu quo, el fanatismo, congelan la política, lo que impide observar nuevos mensajes del entorno cuando más se necesita.
Estamos en la antesala de elecciones, que promueven movimientos de unidad y distanciamiento entre partidos y coaliciones. Un tiempo de congelamiento o de cambio, de ensimismamiento o de amplitud. Donde lo que hay que evitar es tener cabezas redondas pero ideas cuadradas.
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