Si hay un espacio donde era absolutamente previsible el cambio radical de una tecnología a otra, y los efectos que iba a provocar, ese espacio es la lectura.
Un artículo de The Clinic registró la situación citando la preocupación de librerías establecidas sobre su futuro. ‘Las librerías van a desaparecer, alertan los libreros’.
Este fenómeno no es nuevo, lo hemos visto y experimentado antes, tal como cuando las carrozas tiradas por caballos fueron reemplazadas por ese invento de Carl Benz y su automóvil de combustión interna.
Lo que sí va a disminuir es la librería analógica, con libros de papel, para ser reemplazados, como se ha venido viendo, por libros digitales, que no requieren cortar medio bosque para obtener papel, ni un gran local, ni decenas de estanterías.
Como dijo hace algunos años el filósofo canadiense Marshall McLuhan, la tecnología electrónica ya cruzó las puertas y estamos ahora paralizados, sordos, ciegos, mudos, respecto de su encuentro con la tecnología de Gutenberg, donde se ha formado nuestra civilización y cultura.
La diferencia con el caballo y el auto, creo, es que en el mundo de la lectura, a estas alturas, nadie debiera sorprenderse de lo que va a ocurrir.
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