Hay un viejo chiste del cómico estadounidense Jack Benny, que dice así; un asaltante se acerca a una persona, la reduce, le pone una pistola en la cabeza y le dice ‘¿tu dinero o tu vida?’ El hombre no contesta. ‘¿Tu dinero o tu vida?’ Insiste el asaltante, pero el hombre sigue en silencio. Por última vez, ‘¿tu dinero o tu vida?’ Le grita el ladrón. Tranquilo, responde el hombre, ‘estoy pensando, estoy pensando’. La risa salta porque adjudicar valor monetario a tu existencia parece grotescamente absurdo.
Distinto es cuando se está en el mundo de las ideas. Estas llegan, algunas quedan, otras cambian y otras se van. A veces porque la experiencia revela que eran equivocadas.
Congelar a un gobernante o a un político de cualquier signo a ser prisionero de sus declaraciones del pasado es no darle chance de crecer.
Que ese político voluntariamente se autoencarcele en sus viejas convicciones por temor a parecer inconsecuente es como en el chiste quedarse pensando en un dilema tan irracional como inhumano.
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