“El arte es la única salvación”: Samy Benmayor y el refugio de la pintura

Por Daniela Pérez

Samy Mauricio Benmayor Benmayor es uno de los artistas más representativos de la escena pictórica chilena contemporánea. Nacido en Santiago el 24 de enero de 1956, ha desarrollado una trayectoria marcada por la pintura, la docencia, la observación y la exploración artística.

Formado en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile entre 1976 y 1982, mientras comenzaba a construir una obra caracterizada por la fuerza expresiva, el humor y la presencia de elementos caricaturescos. Su propuesta artística buscó recuperar el gesto y la subjetividad en la pintura.

A lo largo de su carrera ha impulsado espacios colectivos de creación, además de desarrollar labores de docencia en teoría del color y técnicas de pintura. Su trabajo también ha sido respaldado por becas e instancias de perfeccionamiento en Estados Unidos, con estadías en Nueva York y California.

Con una obra reconocida tanto en Chile como en el extranjero, Benmayor ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas, además de proyectos culturales y públicos. Entre ellos, destaca el mural “Declaración de amor”, instalado en la estación Baquedano del Metro de Santiago.

El arte es la única salvación. El arte es la salvación. El arte es lo que te permite sobrevivir”, señala Bemmayor a CNN Íntimo con Matilde Burgos.  “Yo siempre he pensado que la alegría es el arma más poderosa. Porque cuando viene una cosa terrible, lo que quieren es que tú te amargues”.

Acostumbrarse a la soledad

La historia de Sammy Benmayor está atravesada por la soledad, la observación y el arte. Hijo de inmigrantes judíos sefarditas que escaparon de Europa durante la guerra, perdió a su padre cuando tenía apenas dos años y creció en el centro de Santiago, rodeado de idiomas y relatos familiares.

Su madre, asegura, fue clave en esa construcción. “Mi madre era un personaje bastante genial. Tenía miles de amigas, de amigos, miles de gente conocida. Tenía un mundo enorme”. “Era simpática, tenía un negocio en el pasaje Matte que se llamaba Casa Samurai; ahí conocía a mucha gente”.

“Tenía amigos y amigas de todo tipo de personajes, geniales. Una de las cosas que aprecio mucho y agradezco es esta verdadera ópera de gente que circuló en mi vida. Era una obra gigantesca de gente de distintos idiomas y ondas. Realmente te da una dimensión de que el mundo es muy grande”, añadió.

Sin embargo, agrega que “hay una parte muy feliz, pero también una  muy triste”, ya que, pese a toda la gente que lo rodeó, él era un niño solo. “Había mucha soledad y me acostumbré a estar solo. Ahora puedo estar solo y no tengo problemas. Me acostumbré a estar solo y a inventar juegos solo y a hacer cosas creativas solo”.

Aunque Benmayor reconoce que “siempre dibujó muy mal”, dice que desde pequeño tuvo una fuerte capacidad de observación. En el colegio, en cambio, confiesa que nunca logró encajar demasiado: “Era pésimo alumno”, admite, ya que “había temas que me interesaban y otros que no. Matemáticas, no. Historia, sí. Me fascina”.

Tras salir del colegio, revela que pasó un año entero viendo películas. “Vi miles de películas, cientos de películas. Tengo un cuaderno donde anotaba las películas que veía y fue maravilloso”. Luego intentó trabajar en una oficina de importaciones, experiencia que recuerda como “muy dura” y un “mundo muy ajeno”.

Su entrada a la Escuela de Arte cambió todo. “Era una felicidad tan grande, tan enorme, porque era gente que hablaba mi lenguaje; eran todos chiflados”. En plena dictadura, recuerda esos años como un refugio creativo: “Yo siempre he pensado que la alegría es el arma más poderosa. Porque cuando viene una cosa terrible, lo que quieren es que tú te amargues. Si tú no te amargas, estás ganando”.

“La felicidad de poder estar trabajando una mañana con Greda y haciendo tonterías, que para otras personas no tendrían tanto sentido, pero para uno era maravilloso. O sea, la posibilidad de estar con gente que le interesara el arte y con grandes profesores. Yo tuve grandes profesores”, cuenta, afirmando que contrastaba con la época que se estaba viviendo en el país “porque había que salvarse de ese tema”.

El arte como salvación

Cuando Benmayor habla de pintura, habla también de vida. “El arte es la única salvación. El arte es la salvación. El arte es lo que te permite sobrevivir, por suerte (…). Tú te conectas con tu mundo interno y tú valoras ese estado de creatividad; eso hace que tú estés ahí y ahora, que no estés ni en el pasado, ni en el futuro, ni nada; eso es lo que te da el trabajo de arte”, afirma.

“El arte es uno de los elementos que nos vincula y nos vincula a través de los tiempos. O sea, es eterno: yo me puedo comunicar con el señor (Leonardo) da Vinci mirando su obra y sé que hay ahí, ahí hay una persona que hizo eso y esa persona tuvo un mundo interno que lo llevó ahí, además de un talento impresionante”, comenta sobre la trascendencia del arte.

Hace poco cumplió 70 años, los que festejó con una gran celebración. Reflexionando sobre ello, reconoce que hoy mira las cosas desde otro lugar: “Ha sido una vida entretenida; hasta aquí vamos bien, las oportunidades que he tenido, sobre todo aprender cuáles son las cosas valiosas de la vida, entre las cuales están el amor, la amistad, los hijos, todas esas cosas que cuando uno es joven no las valora”.

“Cuando eres joven, quieres ser artista y tienes miles de ambiciones y tonterías en la cabeza y te andas perdiendo. Y hay cosas que son importantes y esas se aprenden con la edad; sobre todo los artistas, los hombres artistas somos más huevones todavía porque nos cuesta madurar. O sea, el niño interno está siempre presente, por suerte, hasta hoy, pero también hay veces que hay que crecer”, agrega.

Sus dos hijos siguieron el camino artístico y asegura que eso lo emociona profundamente. “Es un honor al padre eso”. “Yo me rayé cuando nació mi hijo y después cuando nació mi hija y ahora me rayo cuando están los nietos; para mí es súper importante”, señala, destacando también el rol de su esposa, Susana, tanto en su vida personal como en el desarrollo de toda su generación artística: “La Susana es muy importante porque es un pie a tierra (…). Ella creyó mucho en todos nosotros desde joven y creyó en serio; no valíamos nada, pero ella estaba segura de que esto iba a ser algo y era la manager de Bororo, mía, de Pablo y Matías”.

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