El Partido Socialista (PS) debía elegir este fin de semana que pasó entre apropiarse de la candidatura de Carolina Tohá y reforzarla para generar viabilidad de triunfo, o bien optar por llevar a su presidenta a la elección. Y tomó este segundo camino, que comporta alto riesgo.
Primero, porque la presidenta del PS tiene solo una experiencia electoral: la de ser candidata a senadora en 2021, habiendo obtenido un 2,68% de los votos. Fue elegida senadora en reemplazo del senador Elizalde, que pasó a ser ministro. Y en las encuestas espontáneas no aparece en la cabeza de las personas como posible candidata presidencial. Cuando se la incluye en una hipótesis de primaria, figura junto a Alberto Undurraga con un 1%, mientras los otros tres candidatos están en torno al 30%. Una disputa a la que, a todas luces, parece difícil ingresar.
Hay dos resultados posibles: uno, que saque suficientes votos —llegando en cuarto lugar— como para impedir que gane Tohá y que la primaria la termine ganando Jeannette Jara o Gonzalo Winter; o bien, no sacar suficientes votos y permitir que Tohá gane a pesar del PS.
Los dos escenarios son terribles, a mi juicio, porque un partido que es visto como el principal del gobierno pasaría a ser un partido accesorio. Yo no quisiera estar en sus zapatos si ese riesgo se concreta, si no logra mover de manera significativa el escenario actual, que está muy duro, muy cristalizado. No quisiera estar en sus zapatos el día lunes, en el Comité Central, para defender ese resultado.
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