El 27 de septiembre, hablando ante las Naciones Unidas, el presidente Piñera dijo lo siguiente sobre el pacto migratorio mundial:
Hoy, después de retirar a última hora a Chile de la delegación que adoptaría el acuerdo, dio una versión muy distinta:
El pacto es el mismo. Fue adoptado en julio, 2 meses antes del discurso ante las Naciones Unidas. ¿Cómo entonces el mismo texto pasó mágicamente de estar en “perfecta armonía” a perjudicar el país?
Más incomprensible aún es la explicación que dio el canciller:
Si esa es la nueva política de Chile, el canciller tendría que anunciar que nos retiramos de los tratados de libre comercio, que incluyen tribunales de arbitraje, o de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que permite demandas contra los firmantes.
El debate sobre este pacto, por cierto, es legítimo y razonable. Pero no lo es que el gobierno decida literalmente de un día para otro, bajarse de un acuerdo que nuestro país había promovido y defendido en las más altas instancias mundiales.
Un giro así de abrupto,que compromete nuestra política de Estado y nuestro prestigio internacional, requiere una muy buena explicación. Una que hasta ahora no hemos escuchado.
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