El 4 de septiembre del 2022, chilenos rechazaron un proyecto constitucional presentado por aquella, ya a esta altura célebre convención y apoyado por todas o casi todas las izquierdas.
En los cuatro años que han pasado desde ese domingo 4 de septiembre, debe decirse que el progresismo en general, salvo contadas excepciones, no ha estado a la altura de la responsabilidad de elaborar una reflexión para explicar lo que pasó ahí.
El 4 de septiembre, de la noche, aquí mismo se dijo que la izquierda había sufrido la derrota más dolorosa y más dura electoral, por supuesto, de su historia.
Una derrota de esa magnitud exige, creo yo, un esfuerzo proporcional de reflexión respecto de qué es lo que pasó ahí.
Por eso resulta tan llamativo que buena parte de la izquierda, no quiero decir toda, pero que buena parte de la izquierda siga defendiendo ese proyecto con pocos matices que la llevó, por un lado, al desastre electoral inédito en su historia y que, por otro lado, la dejó al gobierno de Gabriel Boric sin programa.
Se ha discutido mucho si es que acaso ese proyecto fue iliberal o no. Yo creo que es una discusión secundaria.
Es sobre todo un mal proyecto constitucional que la izquierda, si quiere sacar lecciones de su propia historia y de la peor derrota que ha tenido en los últimos decenios, debería aprender a mirar un poco más y a tomar más distancia.
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