Hace dos semanas, las oposiciones y, particularmente, Chile Vamos quedaron con un buen sabor de boca después de la elección municipal, que, a mi juicio, quedó más o menos disuelto ayer. ¿Por qué? Creo yo que fue por un mal trabajo en la elección de candidatos.
Vamos a una región: la quinta región de Valparaíso, mi región, en la cual María José Hofmann, la candidata de derecha que pasó a segunda vuelta, perdió la friolera de 100.000 votos.
¿Qué quiero decir con esto? Que los tres candidatos de derecha, hace dos semanas, obtuvieron 100.000 votos más que los que María José Hofmann logró ayer. En un mismo universo de votación, logró la proeza increíble de perder en Zapallar y en Santo Domingo, que, para que se entienda, es el equivalente a Vitacura, Las Condes y Lo Barnechea.
¿Qué pasó? ¿Cuál es la autocrítica de la UDI y de la derecha en general por una candidatura que, naturalmente, no tuvo el apoyo esperado? Este no es el único caso, pero probablemente es el más representativo.
¿Qué se hizo mal? ¿Por qué no trabajó la coalición en conjunto? ¿Por qué un gobernador mucho más a la izquierda que Claudio Orrego, el de Santiago, logró ese apoyo aplastante? Si la derecha no es capaz de hacerse estas preguntas en una región que el próximo año elige cinco senadores y, por tanto, donde se juega buena parte de la mayoría en el Senado para el próximo período, me parece que está condenada a volver a repetir los mismos errores.
Si ayer la derecha perdió el buen sabor que había tenido hace dos semanas, fue fruto de sus propios errores.
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