Daniel Mansuy reflexiona sobre la negociación de la megarreforma y la necesidad de interlocutores: “Sin confianza, no hay política”

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La política es conversación, la política es diálogo y también negociación. Y eso requiere interlocutores.

Me parece que la crisis de la semana pasada, a partir de la negociación de la megarreforma, deja claro que lo que tenemos es una crisis de interlocución.

Imagínese usted que el ministro quiere ir a negociar votos con la oposición. ¿Con quién va a conversar?

Si negocia con presidentes de partido, sus parlamentarios —los parlamentarios de ese presidente de partido— pueden que lo terminen insultando por redes sociales.

¿Negocia con los jefes de bancada? Tampoco. Puede que los jefes de bancada sean desautorizados a los pocos minutos por los presidentes de partido.

Además, ¿con los jefes de bancada de qué partido? Están todos fragmentados.

¿Con los jefes de bancada del Senado, de la Cámara de Diputados? Vaya sumando la gente con la que tendría que conversar para llegar a un recóndito, o muy improbable, acuerdo.

Pero póngase en el caso contrario. Imagínese que llega a un acuerdo con el ministro Quiroz. Usted es parlamentario opositor y llega a un acuerdo con el ministro Quiroz.

Pues resulta que tampoco puede que funcione mucho, porque el ministro Quiroz cambió los términos de un acuerdo —al menos así fue percibido por la oposición— y fue corregido luego por el ministro Alvarado.

Las fuerzas políticas que no logran tener liderazgos claros y respetados al interior de sus propios mundos, lo que están haciendo es horadar completamente el sistema político y permitir y alimentar el surgimiento de liderazgos populistas que quieran superar la falta de interlocución que hay en política.

Me parece que la lección que dejó la crisis de la semana pasada en torno a la megarreforma fue, básicamente, la dificultad que tiene la política institucional para producir interlocutores de confianza.

Y sin confianza, lamento decirles, no hay política.

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