Alfredo Joignant y el racismo en el fútbol: “El patriotismo no se mide por el color de la piel”

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Desde hace años se vienen observando expresiones de racismo en el fútbol, especialmente en contra de jugadores de color. Allí están los ejemplos de Vinicius Junior (Real Madrid), varios años antes de Samuel Eto’o (Barcelona) y, en Chile, hace no tanto tiempo, de Faustino Asprilla (en la Universidad de Chile).

Nadie está a salvo, en ningún país.

Lo que es nuevo es que políticos incursionen en esta ruta infame hacia el odio racial.

Eso es lo que ocurrió con la senadora paraguaya Celeste Amarilla, quien, en posteos furiosos tras la eliminación de Paraguay a manos de Francia, escupió todo su racismo en contra de Kylian Mbappé, calificándolo como “camerunés colonizado” que finge ser francés, quien “no aprendió ni a leer ni a escribir; en vez de leche materna chupaba cocos y lo más instruido que escuchó eran chimpancés”.

El propio Mbappé le enrostró duramente su racismo, ante lo cual la senadora se refugió en el pésimo argumento de la “violencia de género”, amenazándolo con acciones legales absurdas.

Esto no sería nada si el mismísimo Mariano Rajoy, un connotado político del Partido Popular que presidió el Gobierno español entre 2011 y 2018, tras convertirse en comentarista de fútbol en el periódico El Debate, lanzara, con menos vulgaridad que la senadora paraguaya: “Francia tiene una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”.

Otra expresión de racismo, en este caso de modo disfrazado, aunque igualmente letal. Las críticas a Rajoy vinieron de todas partes, para terminar como un racista más.

Las derechas tienen realmente un problema con las etnias y las razas: es como si el discurso de las extremas derechas europeas hubiese infiltrado el inconsciente de Rajoy.

Lo que no se percibe en estos juicios odiosos es que el patriotismo no se mide por el color de la piel, tampoco por la forma de hablar. Todo se juega en la conciencia de habitar una misma patria, en una forma de vivir juntos, en el respeto mutuo y la coexistencia virtuosa.

Eso es exactamente Francia a través de su selección, cuya coordinada brillantez es el reflejo de una cierta idea de república, tan magnífica como laica. Es en estos momentos donde el racismo francés no encuentra espacios, transformándose en un sentimiento de vergüenza.

En cuanto a Celeste Amarilla…

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