Ayer, 19 de abril, se cumplieron 10 años desde la muerte del presidente Patricio Aylwin.
La frase más recordada es la que pronuncia el 12 de marzo de 1990 en su famoso discurso en el Estadio Nacional, cuando dice: “Civiles y militares, Chile es uno solo”, afirmándole a las personas, a la multitud, que había que trabajar por el reencuentro de los chilenos.
Su historia fue muy singular, porque fue protagonista del quiebre de 1973 como presidente de la DC y estuvo en las conversaciones finales con el presidente Allende, que fracasaron.
Sin embargo, lo que más uno podría rescatar de la trayectoria de Patricio Aylwin es que aprendió de sus errores y aprendió de sus fracasos, que no fueron solo de él, sino de toda su generación, y logró encarnar el reencuentro entre dos tradiciones: la tradición demócrata cristiana y la tradición socialista, para dar lugar a lo que fue la Concertación y la exitosa transición democrática chilena.
Como pocos políticos en Chile, tuvo visión histórica, proyectos de futuro y plena conciencia de las dificultades que enfrentaba para lograr recuperar la democracia en paz, lo que sigue siendo una proeza a pesar de todas las críticas que ha recibido esa transición.
Haríamos bien —harían bien los políticos chilenos y todos quienes nos dedicamos a observar la política— en inspirarnos en el ejemplo de Patricio Aylwin, aprender de los errores, aprender de los fracasos para aspirar más adelante y reconstruir aquello que eventualmente está quebrado.
Que en paz descanse Patricio Aylwin.
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