Un millonario hace una fiesta en una de sus mansiones y en determinado momento pide que la música pare. Y dice, mirando hacia la piscina donde él cría cocodrilos australianos, ‘quien se tire a la piscina, consiga atravesarla y salga vivo del otro lado, ganará mis autos, mis aviones y mis mansiones’.
En ese momento alguien salta a la piscina. La escena es impresionante, lucha intensa. El tipo se defiende como puede, sostiene la boca de los cocodrilos con pies y manos, tuerce la cola de los reptiles. Después de algunos minutos de terror y pánico, sale el hombre lleno de arañones, hematomas y casi desnudo.
El millonario se aproxima, los felicita y le pregunta dónde quiere que le entregue los autos y los aviones. Gracias -dice- pero no quiero ni sus autos ni sus aviones. Bueno, ¿y las mansiones? Tengo una hermosa casa, no preciso de la suya, no quiero nada que sea suyo, responde.
Impresionado, el millonario pregunta: ‘pero si usted no quiere nada de lo que ofrecí, entonces ¿qué quiere?’ Y el hombre responde indignado: ‘Quiero pillar al desgraciado que me empujó a la piscina’.
Somos capaces de realizar muchas cosas que a veces no nos creemos capaces de hacer. Solo necesitamos, como necesita Chile hoy, un empujoncito.
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