Una cosa es la política y otra la politiquería. La primera es clave para construir un mejor país, la segunda no prestigia la función pública.
Y está claro que vimos un triste espectáculo en la discusión del salario mínimo. Mínimo espíritu de llegar a acuerdo, mínimo ánimo de ceder, mínima conciencia de lo importante que estaban discutiendo.
El gobierno quería imponer la plurianualidad que en la administración anterior rechazaba y la oposición no la aceptó a pesar de que con Bachelet sí la apoyaron.
Cada “bando” puede exhibir argumentos para sustentar su posición, pero la verdad es que son minucias. Porque al comienzo de la discusión hubo posibilidad de llegar a acuerdo y se la farrearon.
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Razonablemente uno puede sospechar que lo más importante para La Moneda era evitar una nueva discusión de salario el 2020 en año electoral y a la inversa, la oposición estuvo dispuesta a arriesgarlo todo para forzar que en medio de una campaña un nuevo reajuste fuera tema de debate.
Penoso. La política debe ser servicio público y hay temas en los que gobierno y oposición tienen el deber de llegar a acuerdos, por los ciudadanos, por esos chilenos que sí viven con un injusto salario mínimo, uno que no les permite salir de la pobreza y para quienes $10 mil de aumento son tremendamente injustos, pero tremendamente necesarios.
A ellos, señores políticos, a ellos les fallaron.
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