A fines de julio, para poder hablar con Paulina García cara a cara, hay que pisar, primero, una pequeña ciudad brasileña llamada Bonito.
Ubicada en el estado de Mato Grosso do Sul, en el centro-oeste de Brasil, la localidad tiene cerca de 25 mil habitantes y está rodeada por un paisaje natural que comienza a imponerse apenas se abandona el centro. Sus calles principales pueden recorrerse caminando y buena parte de su actividad turística gira alrededor de las flotaciones en ríos cristalinos, las excursiones a cuevas, los senderos y las visitas al Pantanal, aquel extenso humedal que el país comparte con Bolivia y Paraguay.
Entre el 24 de julio y el 1 de agosto de 2026, Bonito recibió la cuarta edición de Bonito CineSur, un festival dedicado a la producción audiovisual sudamericana.
Su programación reunió 32 películas procedentes de diez países. Además de las competencias de largometrajes y cortometrajes, incluyó secciones de cine ambiental y obras producidas en Mato Grosso do Sul, junto con talleres, encuentros profesionales y actividades dirigidas a estudiantes.

Bonito CineSur 2026 | Bonito CineSur
A lo largo de nueve días, gran parte de esa actividad se concentró en el Centro de Convenciones de Bonito, situado a las afueras de la ciudad y rodeado por amplias áreas verdes.
Por la mañana llegaban estudiantes y realizadores para asistir a talleres y conversatorios. Con el paso de las horas, los pasillos comenzaban a llenarse de directores, productores, distribuidores, actores, periodistas y público acreditado. Después de cada función, las conversaciones continuaban fuera de las salas mientras los equipos técnicos preparaban la exhibición siguiente.

Sala de Convenciones de Bonito | Bonito CineSur
Un homenaje entre las grandes planicies
En medio de ese movimiento, era una santiaguina de 65 años quien ocupaba un lugar central en la programación.
Semanas antes del inicio del festival, Bonito CineSur había anunciado que Paulina García sería la gran homenajeada de su cuarta edición. Misma que, poco más de una década antes, la actriz se había convertido en la primera chilena en recibir el Oso de Plata a Mejor Actriz del Festival Internacional de Cine de Berlín, gracias a su interpretación en Gloria (2013), de Sebastián Lelio.
La organización la presentó como “una de las personalidades más respetadas del cine producido en las Américas” y “un referente del audiovisual latinoamericano”, además de destacar una trayectoria de más de cuatro décadas desarrollada entre el teatro, la televisión, el cine, la dirección, la dramaturgia y la docencia.

Homenaje a Paulina García en Bonito CineSur 2026 | Bonito CineSur
La noche del 24 de julio, García recibió el Troféu Pantanal durante la ceremonia inaugural. La jornada continuó con la exhibición de Querido Trópico (2024), coproducción de Panamá y Colombia que protagoniza junto con Jenny Navarrete bajo la dirección de Ana Endara.
Durante su discurso de agradecimiento, la actriz se refirió al cine como una forma de comunicación capaz de preservar la memoria y vincular experiencias separadas por fronteras, edades e idiomas.
“El cine no está considerado dentro del lenguaje hablado, pero es un lenguaje que permite que mantengamos nuestras lenguas locales, nuestras costumbres, que veneremos a nuestros antepasados, a nuestra historia, nuestra geografía y que sintamos la unidad, esa cuerda invisible que une a una persona con otra. Sea de donde sea, tenga la edad que tenga, viva donde viva, crea lo que crea”, sostuvo.
“Es un lenguaje que hace el milagro que estoy viviendo hoy, aquí”, continuó. “El milagro y el honor de recibir un premio a la trayectoria, porque el cine permite que mi trabajo hecho en otros países, en otras lenguas, con gente de toda Sudamérica, sea reconocido acá en Brasil. En esta región, en esta ciudad de Bonito. Díganme si el cine no es un lenguaje que hace milagros”.
“Es un lenguaje que hace el milagro que estoy viviendo hoy aquí”, añadió. “El milagro y el honor de recibir un premio a la trayectoria, porque el cine permite que mi trabajo hecho en otros países, en otras lenguas y con gente de toda Sudamérica sea reconocido acá, en Brasil, en esta región y en esta ciudad de Bonito. Díganme si el cine no es un lenguaje que hace milagros”.

Paulina García durante su homenaje en la noche inaugural de Bonito CineSur 2026 | Bonito CineSur
Su relación con los festivales brasileños, sin embargo, había comenzado varios años antes.
En 2014, García y Valentina Muhr compartieron el Kikito de Oro a Mejor Actriz del Festival de Gramado por Las analfabetas, adaptación de la obra teatral de Pablo Paredes dirigida por Moisés Sepúlveda. Ocho años más tarde, regresó al certamen para recibir el Kikito de Cristal, distinción honorífica concedida a figuras relevantes del cine iberoamericano.
El reconocimiento en Bonito comprendía, por tanto, un recorrido que ya incluía más de una década de vínculos con el cine brasileño. Y la recepción del público tampoco se limitó a la ceremonia inaugural.
“Estoy impresionada con el cariño, con el trato y con la recepción de la gente”, contó García a CNN Chile. “Me ha sorprendido muchísimo la amabilidad y la cercanía, sobre todo después de las funciones”.
Durante aquellos días, distintos asistentes se aproximaron para conversar sobre Mercedes, la mujer que interpreta en Querido Trópico y cuyo deterioro cognitivo transforma su relación con Ana María, la cuidadora migrante encarnada por Jenny Navarrete.
“La cantidad de comentarios hermosos que he recibido ha sido impresionante. Todo ha sido muy cercano, muy disponible y muy afectuoso. Ha sido muy agradable”, añadió.
Un cambio de época
Dos días después de la inauguración, el domingo 26 de julio, García cumplía sus últimas actividades en la ciudad.
Bonito CineSur apenas entraba en la tercera de sus nueve jornadas y todavía mantendría funciones, talleres y encuentros hasta el 1 de agosto. La actriz, en cambio, debía abandonar el festival aquella tarde.
A las 14:30 había participado en la charla Voces femeninas sudamericanas: protagonismo y resistencia en el cine, junto con la productora chilena Gabriela Sandoval, la argentina Cecilia Diez y las brasileñas Minom Pinho y Daniela Siqueira.
La actividad terminó poco antes de las cinco de la tarde. Después vino una breve conversación con un canal de televisión brasileño y, al salir, comenzó la búsqueda de un lugar donde realizar la entrevista con CNN Chile.
La primera idea fue caminar por las áreas verdes que rodeaban el Centro de Convenciones.
García alcanzó a escuchar la propuesta y respondió entre risas, en un tono cercano a la súplica: “No me hagas caminar, por favor”.
La coordinadora que la acompañaba recordó que solo había quince minutos disponibles. A las seis de la tarde, García debía iniciar el regreso.
La solución apareció a pocos metros.
La sala de prensa estaba casi vacía. Una fotógrafa editaba las imágenes de la jornada frente a su computador y, de vez en cuando, algún periodista entraba para retirar un cable, revisar una pauta o recoger parte de su equipo. Más de uno disminuía el paso al reconocer a Paulina García sentada en uno de los sofás y volvía a mirar antes de marcharse.
Los quince minutos previstos terminaron convirtiéndose en cerca de cuarenta y cinco.
La primera pregunta no apuntó al Oso de Plata, a los Kikitos de Gramado ni al Troféu Pantanal que acababa de recibir. Surgió a partir de una escena mucho más cercana.
Durante los días anteriores, CNN Chile había publicado un video breve en Instagram con algunas respuestas de García desde el festival. Entre los comentarios aparecieron múltiples mensajes de apoyo de figuras como Coca Guazzini (“Grande nuestra Paly”), Mariana Loyola (“Grande Paly, la más”) y Paola Volpato, entre otras.
Eran reacciones espontáneas de actrices que habían coincidido con ella en distintos momentos de la televisión, el teatro y el cine chileno. La frase de que nadie es profeta en su tierra parecía, en su caso, admitir una excepción. García había construido una de las carreras internacionales más extensas entre las actrices chilenas de su generación, pero también conservaba una relación cercana con buena parte de sus pares. La crítica y el reconocimiento público también la aplaudían.
Al escuchar la observación, se rio. “Hoy día…”.
La precisión cambió, entonces, el sentido de la pregunta. ¿Existió, entonces, una época distinta?
“Yo creo que sí. Creo que hubo momentos más…”, comienzo diciendo, antes de hacer una pausa. “Ha cambiado mucho la cultura entre los actores. También, un poco, porque desaparecí del ambiente de la escena chilena. Desaparezco cada cierto tiempo, entonces se crea una nostalgia, yo creo, de mí. Pero, tal vez, si estuviera en la palestra todo el tiempo, seguramente provocaría la misma dicotomía de opiniones que algunos actores padecen. No ha sido mi manera de estar en la profesión en la primera línea de la televisión ni en la farándula. Esa no ha sido mi manera de afrontar mi hacer”, afirma.
Asegura que no cree, necesariamente, que la exposición permanente conduzca al desgaste frente al público. Y para explicarlo, recurre a dos nombres ya mencionados.
“La Pao Volpato es una persona que todo el mundo quiere, porque es una muy buena compañera y está en la primera línea hace no sé cuántos años ya en la televisión. Treinta o más. Hace teatro y se mezcla con todo el mundo. Lo mismo la Coca (Guazzini). La Coca es una persona que se mezcla; que ha estado en los balcones y en los establos una y otra vez muchas veces. Creo que tiene que ver con cómo se enfrenta el hacer y cuáles son las cosas que uno permite que se vean de una, también”.
“Chile no es desagradecido, es lento”
Fue durante el mismo video compartido por este medio que García había utilizado una frase para describir la relación de Chile con sus artistas: no consideraba que el país fuera desagradecido, sino lento.
“Se demora en reconocer a su gente, pero finalmente la reconoce”, explica ahora.
A diferencia de otros intérpretes que han cuestionado públicamente la falta de valoración en el país, García asegura que no siente una deuda pendiente. “Yo creo que varios artistas han sido reconocidos en vida. Yo me siento reconocida. No siento que me falte algo”, afirma.
Tampoco considera necesario que Chile cuente con un equivalente exacto a los Kikitos entregados por el Festival de Gramado. El Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales, dice, opera bajo otra lógica y suele distinguir trayectorias mucho más extensas.
“Te lo dan cuando tienes como noventa años. Todavía me quedan unos veinticinco”, bromea.
¿Le gustaría recibirlo? “Pucha, a los noventa ya es too late. Por eso te dije que Chile es lento”, responde entre risas. “Pero sí, es un reconocimiento importante. Y además, es una buena plata”.
Querido Trópico, en tanto, volvió a situar a García en el centro de una película protagonizada por una mujer mayor de cincuenta años. Antes había ocurrido con Gloria, Las analfabetas, La novia del desierto y La vaca que cantó una canción hacia el futuro, entre otros títulos.
La actriz reconoce que existe una responsabilidad asociada a esos personajes, aunque aclara que no selecciona sus proyectos para representar deliberadamente una causa.
“No es que tenga una razón altruista o piense: ‘Voy a levantar una bandera’”, explica. “Me interesa que el guion tenga fuerza. Busco historias que respeten a las mujeres, que respeten su edad y el lugar que ocupan. Que hablen de ellas más allá de los lugares comunes”.
Ese respeto no implica que los personajes deban ser ejemplares, heroicos o admirables.
“No me importa que un personaje sea patético”, afirma. “En Plata Fresca, por ejemplo, la protagonista vive situaciones muy patéticas. Lo importante es que sea ella quien conduce la historia y que la película avance gracias a ella”.
Una protagonista, añade, puede equivocarse, actuar mal o resultar incómoda. Lo decisivo es que exista como un personaje completo y no únicamente en función de una pareja, de la maternidad o de una expectativa estética.
“Puede ser débil o mala. Alguien que exista más allá de los cánones establecidos y que no tenga que ver solamente con el amor, la belleza o con eso que se espera de una mujer”, plantea. “Se esperan tantas cosas de una”.
Cuando la idea se resume como una búsqueda de mujeres reales, García introduce una precisión.
“Mujeres reales y mujeres complejas”, responde. “Que permitan decir que no todo consiste en ser flaca, alta, linda o joven. Que puedan tener ideas, hacer bien su trabajo y construir cosas junto con otros”.
La colaboración, sostiene, también forma parte de esa mirada.
“Nadie trabaja solo. Yo trabajo con mucha gente y me interesa colaborar con personas que quieran mostrar un mundo distinto”.
La estrategia del pudú
La conversación retrocedió hasta los comienzos de su carrera.
En 1983, mientras todavía estudiaba actuación en la Pontificia Universidad Católica, Paulina García debutó profesionalmente en ¿Dónde estará la Jeanette?, de Luis Rivano, y obtuvo el primer reconocimiento de su carrera: un Premio APES a Mejor Actriz. Al año siguiente llegó a la televisión con Los títeres, una de las teleseries más exitosas de la época, y la notoriedad apareció antes incluso de terminar la universidad. “Seguí estudiando. No suspendí nunca la carrera”, recuerda.
La exposición, sin embargo, nunca se convirtió en un objetivo. “No entendían que era la misma persona. Todavía me pasa”, dijo entre risas, antes de explicar lo que llamó “la estrategia del pudú”: “Desaparezco de repente. Ya tengo harto con salir en la pantalla o al escenario”.
Aquella forma de relacionarse con la fama terminó marcando también su trayectoria: antes de cumplir treinta años dejó de actuar regularmente en teleseries y, tras El milagro de vivir (1990), concentró su carrera en el teatro, la dirección, la dramaturgia y, más adelante, el cine.
“Creo que no”, respondió rápido al preguntársele si volvería al mundo de las telenovelas.
Explicar cómo se produjo aquel alejamiento, en cambio, le tomó algo más de tiempo.
“Salí porque… realmente no sé muy bien por qué salí. Supongo que había actores mucho más adaptados a ese sistema”, plantea. “Es un sistema de trabajo y hay que estar dispuesto. Hacer cualquier cosa audiovisual es muy difícil, muy exigente, porque hay que tener una capacidad de obediencia enorme. Yo creo que, en parte, a esa edad no la tenía”.
Hoy recuerda esa estructura como un espacio al que otros se encontraban mejor adaptados.
“Había una hegemonía de un grupo de gente haciendo televisión. Se produjo un círculo de protección… No con malas intenciones; sino, más bien, con la intención de proteger al grupo que ya estaba consolidado”, señala.
“Para mí fue una ventaja. Creo que fue una oportunidad. Me obligó, o más bien, me propuso, otra alternativa. Buscar trabajo en otras cosas, mantenerme haciendo teatro, volver a estudiar dirección y dramaturgia, y después comenzar a hacer clases. Ese momento de formación personal fue bien clave para entrar en los otros mundos donde me metí”, sostiene.
Durante los años siguientes, García alternó escenarios concretos. Podía actuar en una obra, dirigir el texto de otro autor, enseñar actuación o participar en instancias dedicadas a la dramaturgia. “Me siento cómoda cuando estoy trabajando creativamente”, dice. “Me gusta mucho. Aunque, más que amor, te diría que es pura satisfacción. Ahora intento hacer otras cosas, como para decir: ‘Debe haber más cosas entretenidas que hacer’. Las hay”, aclaró, riendo. “Pero casi todas tienen que ver con lo artístico”.
La expansión hacia esos otros espacios no modificó, sin embargo, el límite histórico que ha mantenido alrededor de su vida personal. El día anterior, cuando se le consultó por los temas que podían abordarse durante la entrevista, había respondido sin rodeos que podía hablar de política, feminismo, cine o televisión. De su intimidad, no.
Explico, entonces, que esa distancia respondía a una razón práctica.
“La farándula siempre ha existido. Lo que sucede es que va cambiando”, afirmó. “Antes estaban los diarios y estaban los escándalos. Este se metió con esa persona, se involucró con esta otra, uno le dijo algo a alguien… Siempre ha estado. A mí nada de eso me interesa, porque me quita concentración”, explicó. “Para hacer lo que hago, requiero de mucha concentración, porque mi trabajo tiene que ver con ser verdadera. En algún momento, lo que entrego tiene que resultar una verdad absoluta para alguien. Quien me esté mirando debe creer: ‘Eso es lo que le está ocurriendo’. Esa tiene que ser su verdad mientras me ve”.
En su caso, la preparación no comienza al llegar al set. Dijo mantener desde hace casi cuatro décadas una rutina cotidiana ligada al entrenamiento físico y al estudio.
“Me levanto por la mañana y hago ejercicio. Ahora practico pilates, uno muy exigente, con reformer. Después estudio, dependiendo de lo que tenga que hacer. A veces leo y otras trabajo con un coach. Cuando tengo coach es porque estoy preparando un papel, y eso es un trabajo bien exigente”, contó.
El reconocimiento que Brasil entendía mejor que ella
Cuando se le pregunta cuál de sus personajes le ha exigido más, evita establecer una competencia entre papeles. La preparación, sostiene, cambia con cada historia y también con las condiciones concretas de un rodaje.
“Es difícil decirlo, porque todos me exigen muchísimo”, responde.
El primer ejemplo que menciona pertenece a su trabajo más reciente: Plata fresca, donde encabeza un elenco que también incluye a Francisco Melo, Benjamín Vicuña, Mariana Loyola, Daniel Alcaíno y Juan Minujín, y se inspira en el fraude de La Polar. El rodaje se desarrolló en el centro De Santiago a partir de extensos planos secuencia, una decisión que obligaba al elenco a sostener escenas de cerca de veinte minutos sin interrupciones.o.
“Fue un verdadero tour de force”, cuenta. “Era una película filmada prácticamente en planos secuencia. Finalmente, no quedó completamente así en el montaje, pero casi. Eso significaba grabar veinte minutos seguidos sin detenerse. “Todo tenía que salir perfecto. Todo. Y entre medio, me cambiaba de ropa, de maquillaje, corría, subía escaleras, bajaba escaleras. Fue muy intenso”.
La exigencia de actuar durante veinte minutos sin interrupciones acerca el procedimiento al teatro, aunque García establece diferencias claras entre ambos lenguajes.
“Son cosas tan distintas”, responde cuando se le pregunta cuál de los dos la satisface más.
“En el teatro conduces tu propia emocionalidad de una sola vez y el público es inmediato. Estás ahí y lo tienes ahí… es distinto. El cine tiene una onda expansiva, como esto. “Fíjate”, dice. “Todavía estoy en Bonito hablando de películas que filmé hace tiempo”, dice con una sonrisa.
Admitió que durante mucho tiempo nunca dimensionó realmente el peso que los galardones brasileños tenían para la industria brasileña.
“Yo no sabía lo que significaba el Kikito de Cristal. Antes me había ganado uno de Oro, pero tampoco sabía lo que significaba. El Kikito de Oro me lo gané por una película de Moisés Sepúlveda y ni siquiera tenía la estatuilla. Nunca se la pedí, porque no comprendía realmente su importancia”.
La dimensión del premio terminó revelándosela un tercero, lejos de Brasil.
En mayo de 2026 viajó a Canadá para participar brevemente en una producción estadounidense. Allí coincidió con un actor brasileño que, apenas supo quién era, mencionó uno de sus reconocimientos.
“Me dijo: ‘Oye, tú ganaste el Kikito de Cristal’. Le pregunté: ‘¿Cómo sabes eso, si no me habías visto nunca en tu vida?’. Entonces le conté que tenía otro más y él no podía creer que fuese posible”.
Esa reacción le permitió entender el lugar que esos premios ocupaban dentro del cine local. “Para un actor brasileño, ganar el Kikito de Oro o el Kikito de Cristal es algo muy importante. Es un gran premio”.
Hoy conserva ambas estatuillas.
“Los premios me instalaron en la escena internacional, y eso es un privilegio que muy pocas personas tienen en Chile. Eso significa, básicamente, que lees más guiones y que, a veces, tienes más trabajo. Aunque, de repente, también puedes tener menos”.
Su recorrido incluye películas en distintos países, series para plataformas y premios en algunos de los festivales más importantes del mundo. Sin embargo, descarta que una carrera de ese tipo pueda explicarse únicamente por el talento.
“No basta con ser bueno. También hay que resistir. Existen periodos muy oscuros en los que simplemente no tienes trabajo, y eso ocurre mucho en esta profesión”.
Para ella, atravesar esas etapas exige encontrar otras formas de mantenerse dentro del oficio. “Uno tiene que saber reinventarse. ‘¿Por dónde voy? ¿Por dónde sigo? ¿Cómo me mantengo dentro de esto?’. No sé si uno se lo pregunta así, pero hay que buscar otros caminos y no quedarse esperando”.
Como ejemplo, menciona a Constanza Sandoval, actriz con quien ha trabajado y que, durante un periodo sin papeles, comenzó a desarrollar actividades con niños. “Encontró un espacio desde donde seguir desarrollándose. Eso me parece muy inteligente”, señala. “Hay una parte de suerte, pero también hay resistencia. Hay que cuidar el instrumento para que, cuando llegue el momento, esté listo”.
García conoce de cerca esos intervalos. Durante la década de 1990 estuvo cerca de tres años sin trabajo estable como actriz. En ese periodo hizo clases, investigó y retomó estudios de dirección y dramaturgia. “Trataba de no quedarme fuera y de que no se me echara a perder el humor”, recuerda. “Seguí entrenando el cuerpo, leí muchísimo y busqué siempre cómo continuar creciendo”.
Al mirar hacia atrás, reconoce que la falta de oportunidades sí ocupó espacio en sus pensamientos, aunque no terminó por inmovilizarla. “Nunca me permití detenerme demasiado pensando: ‘Mierda, estoy sin trabajo’. Que lo pensé, lo pensé”, admite, con una sonrisa. “Pero no me detuve”.
Por eso, cuando se le pide un consejo para los actores jóvenes que aspiran a desarrollar una carrera internacional, evita ofrecer una fórmula. “No me pidas consejos, porque eso no lo sé. Creo que eso no existe”, responde. “Cada uno tiene que encontrar y descubrir su camino. Yo solo sé que resistí”.
También reconoce que esa resistencia no dependió exclusivamente de sus decisiones profesionales.
“Tuve muy buenas condiciones. Tuve una pareja estable que me quiso mucho, que todavía me quiere, y eso hizo que probablemente todos los dolores se pudieran resistir”.
“Inventar” trabajo cuando el sistema se acaba
La conversación regresa a Chile y a una industria muy distinta de aquella que conoció cuando comenzó a trabajar en televisión durante los años ochenta.
Durante décadas, las áreas dramáticas de los canales abiertos sostuvieron el principal sistema de producción de ficción seriada del país. Sin embargo, la reducción de las audiencias televisivas, la competencia de las plataformas digitales y el encarecimiento de las producciones modificaron ese modelo.
Un análisis publicado por la Pontificia Universidad Católica en 2025 describió cómo los canales comenzaron a recurrir a coproducciones, servicios de streaming, exportación de guiones y formatos más breves para mantener vigente el género.
García resume ese periodo de contracción sin suavizar el diagnóstico.
“Cagó todo el sistema de teleseries en todos los canales”, afirma. “Hubo varios años en que muchos actores quedaron completamente desorientados, sin entender nada. Parecía que la única alternativa era trabajar en Mega“, enfatiza.
“De repente aparecieron las teleseries verticales y mucha gente volvió a tener trabajo. Para la industria es fantástico, porque se hacen con poco presupuesto y equipos pequeños. Pagan poco… pero aun así, espero que signifique algo positivo”, sostiene.
“Lo que me preocupa es que ahora cada uno mira las cosas solo. Se pierde la experiencia de compartir, porque incluso las teleseries tradicionales se veían en conjunto… aunque tampoco creo que tenga sentido luchar contra eso. Sí creo que tiene sentido buscar nuevas alternativas para el audiovisual de pantalla más grande y producir cosas que puedan ser vistas por más gente”, plantea. “¿Qué sucede con las salas de cine? ¿Qué hay que hacer?”.
Ante ese escenario, propone trasladar algunas exhibiciones fuera de las salas convencionales.
“Podemos insistir en las funciones al aire libre e instalar pantallas en espacios públicos”, plantea. “Pienso en plazas, parques y lugares donde la gente pueda reunirse. Las municipalidades tienen harto que aportar, pero sobre todo se necesita un Estado dispuesto a hacer que la cultura sea una herramienta capaz de innovar y transformar”, afirma. “La industria que tenemos la hemos creado a puro pulso quienes trabajamos en el audiovisual”.
La mención de las autoridades públicas abre una pregunta inevitable sobre el escenario político chileno. Frente a las reformas impulsadas por el Gobierno y sus eventuales efectos sobre el financiamiento cultural, ella evita anticipar consecuencias definitivas.
“Vamos a ver. Todavía no sabemos exactamente qué significará”, responde. “No creo que vaya a ser algo bueno para la cultura. Tampoco creo que vaya a ser bueno para los derechos sociales, las minorías, la vejez, los niños o las mujeres. Lo dudo”.
Su diagnóstico, sin embargo, no termina allí. “Nosotros nos repusimos a una dictadura y, a pesar de ella, fuimos capaces de hacer teatro y cine. Esto sigue siendo una democracia”, añade. “Todavía tenemos una enorme capacidad para reinventarnos. Estamos un poco en shock, pero eso también va a pasar”.
La artista ha expresado públicamente sus posiciones políticas durante distintos momentos de su carrera. Sin embargo, evita convertir esa decisión personal en una exigencia para otros actores.
“Depende mucho del lugar donde trabajes y también me parece legítimo cuidar el trabajo”, señala. “Si piensas que no puedes hablar porque sientes que lo tienes que proteger, está bien. Cada uno toma las decisiones que considera necesarias. Cada uno sabe con qué chichita se está curando y de qué manera. Yo hablo de política con tranquilidad y creo que cada uno sabe cómo se relaciona con eso”.
Esa capacidad de reinventarse no se limita, en su respuesta, al trabajo artístico. También aparece en la forma en que la ciudadanía reacciona cuando una decisión afecta aquello que considera importante.
La pregunta surge a partir de un episodio ocurrido durante julio de 2026, cuando la presión de seguidores de BTS consiguió revertir una determinación que amenazaba la realización de una actividad vinculada con la banda en Chile.
“Yo creo que eso va a seguir ocurriendo”, afirma García. “Se van a desayunar con cómo somos los chilenos. Tenemos una capacidad de reacción bien curiosa”.
¿Podría esa reacción desembocar en una movilización social de la magnitud del estallido de 2019? “No”, responde. “Más bien, creo que somos capaces de innovar”.
Para explicarlo, vincula aquel proceso con movimientos que lo precedieron. “Nadie esperaba el estallido social. Pero tampoco nadie esperaba la fuerza con que las mujeres reaccionamos antes del estallido”, plantea. “Yo creo que no habría ocurrido como ocurrió si antes no hubiera existido el movimiento feminista con la fuerza que tuvo. Y antes de eso estuvo HidroAysén. Y antes estuvo el movimiento estudiantil. Esta historia la estamos escribiendo. No hemos terminado nada”.
Cuando se le pregunta si considera que el Gobierno subestima esa capacidad de organización, responde sin matices: “Sí. De eso estoy segura. La subestima… Cree que estamos dormidos; que lo crea, está bien”.
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