(CNN) – En 1993, Kurt Cobain estremeció al mundo de la moda al aparecer en la portada de The Face con un vestido floral azul, delineador negro y uñas pintadas. La icónica imagen, acompañada del titular “En la corte del rey Kurt”, se convirtió en un manifiesto visual contra las normas de género binarias en plena era grunge.
La rebelión andrógina del rock
Cobain fusionó elementos masculinos y femeninos con naturalidad: barba con esmalte descascarado, cigarros con anillos delicados. “Usar un vestido demuestra que puedo ser tan femenino como quiera”, declaró al LA Times, desafiando la masculinidad tóxica del rock.
Su estilo anti-glam (jeans rotos, suéteres holgados) contrastó con el metal de los 80 y rechazó incluso la apropiación comercial del grunge por marcas de lujo.
Expertos como Jacki Willson (Universidad de Leeds) destacan que Cobain “permitió que generaciones expresaran su autenticidad”. Su legado persiste: el vestido azul de segunda mano que usó sin pretensiones sigue siendo un símbolo de que la ropa no tiene género.
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