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Todavía en Chile se considera meritorio que una mujer trabaje, como si fuera algo excepcional, algo que escapa a la norma general. Pero… ¿por qué sigue pareciendo un mérito? La respuesta salta a la vista: para poder ingresar al mundo laboral las mujeres deben hacer ajustes en la casa, con los hijos y sobrepasar muchas más barreras que los hombres.

Surge de inmediato otra pregunta ¿por qué es obligación exclusiva de las mujeres supeditar sus posibilidades laborales a las tareas del hogar? La respuesta sencilla: nadie más se siente con la responsabilidad de hacerlo. El hombre, culturalmente en Chile, asume que no es parte de sus obligaciones.

Es por eso que las mujeres trabajadoras tienen doble carga pues realizan una doble tarea. Hay avances, pero es la deuda más grande en términos de brecha de género que existe en nuestro país.

Pero eso no es todo. Si observamos las cifras estructurales de los últimos 10 años, se han creado 913 mil empleos que hoy están ocupando mujeres. Pero el 67% de ellos corresponde a trabajo precario: externalización, subcontrato, suministro o enganche.

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Precarización en el empleo y en el trabajo remunerado donde las mujeres son más perjudicadas que los hombres. Los indicadores acusan que las ramas más femenizadas de la producción, como salud, educación, servicios y de cuidado, son las que tienen promedios medianos y bajos en torno a los ingresos y salarios.

“Observamos que la brecha salarial bordea el 27%”, explica Andrea Sato, investigadora de Fundación Sol, quien agrega que “en términos prácticos, las mujeres están ganando 177 mil pesos menos que los hombres. ¿Que nos dice esto? que hoy día principalmente los hogares liderados por mujeres, que han aumentado casi al triple en los últimos 10 años, están mucho más empobrecidos”.

Este escenario requiere transformaciones profundas, cambiar el paradigma cultural que sostiene que son las mujeres las únicas responsables del trabajo doméstico y del cuidado de la casa, los hijos y los familiares que requieren apoyo como padres ancianos o enfermos.

Es necesario visibilizar estas tareas normalizadas socialmente, valorarlas y buscar fórmulas para que tengan una remuneración. Ello influirá en que los empleos de las mujeres tengan otro precio en el mercado.

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La ministra del Trabajo, María José Zaldivar, plantea, además, que es necesario facilitar el ingreso a sala cuna a un mayor universo de mujeres: “Creemos que es fundamental avanzar en un proyecto que es absolutamente pro mujer y pro equidad y es que el costo de la sala cuna no sea solamente de la mujer, sino que sea de todos quienes somos trabajadores, tenga posibilidad de ser madre o no la tenga”.

Muy lejos de Chile, Islandia ha ocupado en los últimos años el primer lugar en el Índice de Igualdad de Género del Foro Económico Mundial y sigue cerrando, aún más, la brecha. Es la primera nación donde por ley las empresas públicas y privadas deben demostrar que ofrecen los mismos sueldos a hombres y mujeres en empleos de la misma categoría y para certificarlo las empresas deben someterse a auditorías.

El desafío es encontrar la fórmula para que las mujeres puedan desarrollarse sin que esto signifique continuas renuncias y sacrificios, es el gran objetivo. Se requiere concientizar desde la infancia y leyes que garanticen estos avances para todas sin distinción.

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