En el último tiempo, cada vez más personas han optado por no presumir mucho de sus prendas de vestir o de tener un enorme closet lleno de ropa.
Se trata de un cambio de hábito que se da al tener una mayor conciencia de las graves consecuencias que genera el mundo de la moda en el planeta. En términos concretos, casi el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero provienen de esta industria, según cifras de Naciones Unidas.
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Ante la lucha contra el cambio climático, representada por la joven activista Greta Thunberg, nació una nueva tendencia en Suecia llamada “Köpskam” (“vergüenza de comprar” en español), la cual invita a los consumidores a dejar de comprar ropa nueva y optar por la reutilización de las prendas de segunda mano.
“No se puede ser seguidor de Greta Thunberg y al mismo tiempo comprar lo último en la industria de la moda”, señaló el periodista Fredrik Virtanen al medio Expressen, quien defiende este movimiento alertando sobre la grandes cantidades de ropa que son incineradas cada año: “En 2016, quemó 19 toneladas de ropa de remanentes en una central térmica de la ciudad de Västerås. Ese mismo año, H&M Dinamarca incineró 9,6 toneladas de prendas de vestir, el equivalente a 25.000 pares de vaqueros. ¿Cuántas toneladas se quemaron en Alemania? ¿Y en Estados Unidos?”.
Además de la contaminación que genera la quema de ropa, de acuerdo a un informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la industria de la moda usa cerca de 93 millones de metros cúbicos de agua al año, cantidad suficiente para atender las necesidades de 5 millones de personas.
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Ante este panorama, en la pasada cumbre del 67 en Francia, representantes de 32 marcas reconocidas de la industria se reunieron para tomar medidas al respecto, y abordar estrategias para “limitar el calentamiento global, restaurar la biodiversidad y proteger los océanos”.
Tras esto, las compañías firmaron un pacto que las compromete a usar energías renovables de aquí al 2030, junto con reducir las microfibras de materiales sintéticos y no arrojar químicos al mar y los ríos.
A la vez, esta tendencia ya es visible con el uso de prendas con diseños sencillos, texturas lisas y colores pálidos. Además, esto ha impulsado un alza en las compras de ropa de segunda mano.
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