Un pequeño ciervo fue dejado atrás por su madre porque no fue capaz de seguirles el paso. Al verlo, este hombre decidió llevarlo a su casa donde trató una de sus patas lesionadas y lo alimentó.
Al principio, a sus otras mascotas no les hizo gracia, pero con el tiempo se hicieron buenos amigos y se cuidaban mutuamente.
El hombre fue varias veces buscando a la madre del ciervo para liberarlo, hasta que un día se reencontraron fuera de cámara. Según él, lo ha podido ver darse vueltas cerca de su casa durante el verano y el otoño.
"¿Qué hubiera ocurrido si en vez de que ella hubiera servido, Kast hubiera servido? Ahí tienes un mensaje de género absolutamente claro". Según Montecino, "estamos frente a una imagen y a una simbólica muy tradicional" que obliga al país a preguntarse empíricamente "quién cuida".