Desde su puesta en marcha, la denominada “guerra de precios” impulsada por las líneas aéreas nacionales ha favorecido a los pasajeros. De hecho, para estas vacaciones de invierno, se calcula que unas 510.000 personas usarán el avión como principal medio de traslado a sus destinos, en un hecho que también se extrapola a la infraestructura aeroportuaria con los trabajos de ampliación en el aeropuerto Arturo Merino Benítez de Santiago. Sin embargo, estas tarifas low cost o de bajo costo, ¿tienen alguna letra chica o restricciones?
A juicio del economista Francisco Aravena, este modelo de negocios “llegó para quedarse definitivamente. Desde el punto de vista de los consumidores la competencia siempre va a ser algo beneficioso. Hay algunas aerolíneas que ya están funcionando y trabajando bajo esta modalidad, lo cual favorece el ingreso de otros operadores al mercado. Sin embargo, en cuanto a la letra chica que podría suponer este modelo, lo que impacta finalmente en la tarifa es la tasa de embarque que, en algunos casos, podría terminar siendo más costosa que el pasaje. No obstante, en la actualidad, es posible adquirir pasajes hasta de un 50% más baratos de lo que costaban en años anteriores”.
El académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad San Sebastián agrega además que “el ingreso de nuevas aerolíneas al mercado implica que éstas han entrado a competir directamente en este nicho, el de pasajes low cost. Por lo tanto, ajustan sus costos operacionales a la oferta que desean entregar y eso genera que sean competitivos favoreciendo a los pasajes quienes, en el presente, cuentan con una oferta más amplia de elección”.
Sobre la calidad en el servicio, Aravena explica que “se supone que la baja en los costos de las tarifas podría tener algún impacto en las personas, pero esto no ha sido así entonces uno podría suponer que a la gente le interesa más un pasaje más económico para viajar que el servicio de atención a bordo. Quizás, en el caso de los vuelos nacionales, no sea tan necesario tener un adicional de equipaje o algo que encarezca el valor del viaje. Creo que el análisis que hicieron las empresas fue entender que es lo valoraban más lo usuarios y, a partir de ahí, tomaron la decisión de disminuir sus costos operacionales en favor de tarifas más económicas”, concluye.
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